“EL QUE CONOCE EL ARTE DE VIVIR CONSIGO MISMO IGNORA EL ABURRIMIENTO”

Erasmo de Roterdam

El aburrimiento es un estado del individuo. Se define como “una emoción encargada de interpretar el ambiente o el contexto que nos rodea, como tedioso o repetitivo.”

Del latín ab que significa” sin”, y de horrere, “horror”, el aburrimiento es el sentimiento de estar en la vida con una sensación de que algo de nuestra existencia no tiene sentido.

Lacan decía que el aburrimiento era “el deseo de otra cosa”, por lo que sabremos si somos aburridos cuando estemos necesitando pensar, sentir y hacer otra cosa de la que estemos pensando, sintiendo y haciendo en ese momento.

Según estudios científicos de Psychology Today, existen tips para identificar si somos o no una persona aburrida.

  • La comunicación es el medio de estar con los demás a través de la conversación. Posiblemente, una dificultad en esta nos indica que estamos inmersos ante un estado de aburrimiento, o que la persona de al lado es un individuo tedioso que desprende poca energía para interactuar con él. Podemos sentirnos aburridos cuando nos desconcentramos de la conversación de los miembros de un grupo y parece ser también que los demás nos pueden considerar como una persona difícil de escuchar. Hay momentos en los cuales ni tan siquiera sabemos que aburrimos al del a lado, y no tenemos ese discernimiento para saber observar el impacto que estamos produciendo en él.
  • El sentido del humor es un don de las personas divertidas, una muestra de inteligencia supina, una flexibilidad mental que hace que sepamos dar la vuelta a las cosas y que descubramos el sutil matiz para tener un golpe de suerte y conseguir carcajadas en los más cercanos. Una dureza en nuestras opiniones, unos juicios contundentes, retrógrados y pasados de moda, aburren al más aburrido. Por el contrario, el open mind, la permeabilidad para hablar y escuchar sin tapujos con una pizca de trasgresión, refuerza la risa grupal, además de poder reírnos de nosotros mismos, cosa bastante difícil de encontrar en el mercado.
  • Una persona que duerme al de al lado, posiblemente, no tenga mucho que contar. A veces puede ser que tenga dificultad para acceder al mundo de sus opiniones, o porque no las tenga, o porque les resulte difícil acceder a ellas como consecuencia de una cierta timidez. Otras veces, puedes encontrar cierto grado de sutil egocentrismo en el que te toca a la derecha de la mesa. Un mí, me, y conmigo en el lenguaje del de al lado puede no solo aburrirte, sino dejarte perpleja ante semejante prepotencia por osar solo hablar de sí mismo durante toda la cena, de tal manera que al despedirte puedas olvidarte de su nombre de pila con el que fue presentado y llamarle Narciso.
  • El pensar que estás aburrido y comunicar a los demás que tu vida es un aburrimiento, ya en sí, denota que lo eres. Personas que se quejan del frío y del calor, del verano y del invierno, y de su ausencia de vitamina D, pueden auyentar y espantar al más paciente escuchador. El magnífico periodista Carlos García- Calvo y Murga, en su libro “Cómo ser una mujer A”, sugería sabiamente dejar la queja en casa y prohibir hablar de tres temas controvertidos: las enfermedades, el dinero y el servicio doméstico, por exceso y por defecto. A nadie nos importa el tipo de prótesis colocada en la rodilla de nuestro interlocutor, y tampoco creamos que podemos mostrar interés en el otro si le comentamos que tenemos dudas en nuestra elección de ropa matutina porque nos atoramos ante nuestro inmenso vestidor lleno de cardigan de cashmere.

¿POR QUÉ NOS ABURRIMOS?

Hemos de distinguir entre ser aburrido y estar aburrido, entre el aburrimiento como rasgo y el aburrimiento como estado.

El ser aburrido viene como consecuencia de una estructura de personalidad rígida, donde el pensamiento está cargado de ideas limitantes que pueden alcanzan el nivel de distorsiones cognitivas, generando emociones como la tristeza, rabia o frustración que nos hacen tener poca energía vital y dejar a un lado el lado oscuro de las cosas.

El por qué somos aburridos tiene que ver con el arte de interpretar la realidad que nos rodea. El perfeccionismo, la búsqueda continua de éxito, la necesidad imperiosa de ser reconocidos por los demás, son matices de estructura de personalidad que nos hacen tener la sensación de vivir en un mundo inacabado o incompleto, que nos lleva a una sensación de vacío existencial y a una búsqueda constante de conseguir continuamente algo mejor.

El estar aburrido, por el contrario, viene como consecuencia de una dificultad de adaptación, que tiene que ver más con la compra compulsiva de actividades, de planes, del consumismo de adquirir hábitos ajenos a nuestra propia idiosincrasia.

Estar aburrido es un baile con la falta de saber estar con nosotros mismos, es una adquisición de tener expectativas demasiado altas y de querer encontrar la completud fuera de nosotros.

El sentirse con hastío es una actitud que viene como consecuencia de la dificultad hacia el disfrute. Las personas que nunca se aburren es porque en cualquier cosa ven una oportunidad.

¿ES BUENO EL ABURRIMIENTO?

Es bueno el aburrimiento siempre que nos divierta. No hay cosas buenas ni malas, tan solo la vara de medir para tener una opinión sobre los beneficios del aburrimiento depende de las consecuencias que nos acarree ese estado de tediosidad.

En muchas ocasiones el hastío se confunde con el no hacer nada. Hay miles de personas que consideran que estar sin actividad es el anti plan y por lo tanto, ha de llevarles a la desesperación y a la búsqueda continua de un placer que no es sino sinónimo de dependencia.

El estar solo y parado no es aburrido, es incluso necesario y más que saludable. El dolce far niente o el placer de no hacer nada es una actividad en sí misma, don de muy pocos. La ociosidad interpretada como agradable es sinónimo de independencia, inteligencia emocional y de libertad. Estar sin hacer nada no es aburrido, es una consecuencia de la destreza y sabiduría para divertirnos con nosotros mismos y ser capaces de lidiar con nuestros propios silencios, a veces luminosos, y otras veces llenos de sombras. Es una aptitud y actitud triunfante hacia nuestros miedos. No creamos pues que hacer muchas cosas para no estar aburridos es una buena opción. La mente en blanco no es aburrida, tan solo a veces es una necesidad vital para cambiar de registro, e incluso disfrutar más cuando tras estar en off nosaparecen actividades que disfrutamos por elección libre y no por necesidad.

Es más inteligente saber que no pasa nada por quedarnos a solas con nosotros mismos y aprender a lidiar con nuestros miedos que aparecen cuando nadie nos ve.

Don Quijote se volvió loco pensando que vislumbraba gigantes y tan solo eran molinos de viento.

La hiperactividad no es sino una hiper actuación que potencia la sensación confusa de aburrimiento versus entretenimiento con uno mismo.

El dolce far niente de los italianos sería un lujo entonces, una oportunidad para la introspección, para la relajación y atender a la moda de la conciencia plena en uno mismo, a la simpleza de la vida. Creo que Julia Roberts fue más feliz rodando en “Come, reza y ama” mientras disfrutaba a solas de una cena y copa de vino de Marsala en su palacete romano, que en Pretty Woman cuando atorada, pensaba que la felicidad consistía en llenarse de bolsas de compras en Rodeo Drive.

¿HAY PERFILES MÁS PROCLIVES AL ABURRIMIENTO?

  • Personalidades con tendencias a interpretar la realidad de manera negativa van más de la mano del aburrimiento frente a personas con tendencia al pensamiento más neutro y positivo. Está comprobado que hemos de aprender a reconducir nuestro propio lenguaje interior, cuidar nuestro particular discurso y no creernos todo lo que pensamos. Estar a la caza de los gazapos en nuestras conversaciones privadas y detectar la negatividad de las palabras es aun más divertido que buscar a Wally.
  • Personas con bajos niveles de interés y tendencia a la distimia o estados deprimidos, incluso vagancia, van a encontrar en el aburrimiento su principal aliado, frente a las personas capaces de disfrutar de las pequeñas cosas. Un grado de perfeccionismo elevado llevan a este tipo de humanos a sentirse insatisfechos de manera continua.
  • Las personas con dependencia emocional hacia los demás tienen más papeletas para sentirse desbordados cuando se termina la última temporada de la serie de Netflix que aquellos seres que encuentran en su libertad su propia serie o documental. Estar con los demás está bien, pero necesitarlos es una cárcel. Hemos de distinguir entre la deseabilidad de la compañía frente a la obsesión de buscar estar siempre con alguien pegado a nuestra sombra.
  • Personalidades con bajo nivel de desarrollo personal son más tendentes al tedio que aquellas que conocen sus áreas ciegas y saben de ingredientes para cocinar su mejor receta emocional. Es muy aburrido estar al lado de alguien que no se conoce, que no sabe quien es, que considera el ocultismo de sus vulnerabilidades como su principal fortaleza. Es altamente frustrante y aburrido tener al lado a una persona que no sabe que no sabe, esos sabelotodo del no saber con doble postgrado: su propia licenciatura y el Master en Psicología que viene regalado como un dos por uno.

¿LAS PERSONAS ABURRIDAS SUFREN MÁS DE ABURRIMIENTO? ¿QUÉ SIGNIFICA SER ABURRIDO?

Sin duda las personas aburridas se aburren con su propio aburrimiento, simplemente por considerar el aburrimiento como algo aburrido.

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, decía Buda para explicarnos que el sufrimiento es la interpretación que damos al dolor.

Las personas aburridas tienden a tener expectativas muy altas, a padecer un nivel de exigencia exacerbado consigo mismos y con los demás, cuya consecuencia es una insatisfacción generalizada a todos los contextos en general y a su propio autoconcepto y autoestima en particular.

La no consecución de sus ideales les conduce a toparse con su propia intolerancia a la frustración, lo que les lleva a interpretar lo que no consiguen de una manera dolorosa. Este círculo vicioso les hace encontrarse con el sufrimiento de manera continuada, en vez de interpretar la “realidad a medias triunfante” como una mera contrariedad y no como un problemón fantasmagórico.

Ser aburrido entonces significa impermeabilidad emocional, atisbos de inflexibilidad ante los cambios, falta de creatividad y originalidad ante el factor sorpresa, e incapacidad para divertirse ante situaciones divertidas e incluso ante situaciones altamente tediosas.

El aburrimiento es la ausencia de guion cuando uno está sin teatro.

¿QUÉ SEÑALES NOS ALERTAN DE QUE SOMOS ABURRIDOS Y DORMIMOS HASTA A LAS OVEJAS?

1. La queja pasiva.

Hay una gran diferencia entre comunicarnos de manera activa o pasiva.

La queja pasiva es aquel discurso cargado de intensidad y drama que alcanza el valor de repelente de personas. Es diferente comunicarnos contando cosas que torpedeando problemas. Expresar nuestras vulnerabilidades es lícito, siempre y cuando no estemos a la búsqueda de demandar que nuestro escuchador tenga dotes de terapeuta de manera continuada y de elegir el drama como animal de compañía.

2. La falta de curiosidad.

Ser curioso significa estar a la búsqueda del interés hacia cualquier cosa. El arte de hacer preguntas huelga por su ausencia en el ser aburrido. No sabe, no contesta, no cuestiona.

La curiosidad impulsa al individuo a tener interés por el aprendizaje, a interactuar con ellos mismos y con su entorno. Un ser que duerme hasta a las ovejas es un sabelotodo enemigo de sí mismo de su propio aprendizaje. Quien no quiere aprender, no tiene mucho que enseñar.

3. La ausencia de escucha activa.

La escucha activa es “una forma de comunicación que demuestra al hablante que el oyente le ha entendido.”

Las personas aburridas son muros de piedra para el arte de escuchar. Tienen una emisora de radio a modo de columna izquierda que les impide que tú mismo te consideres interesante y que dudes dónde está realmente el factor aburrimiento. Cuestionan lo que les cuentas, no verifican lo que están escuchando para poder entenderte, juzgan tus palabras y te responden con un “yo también o un yo tampoco”, lo que hace que pidas por favor que no te toque de pareja de baile.

4. El pesimismo.

Las personas aburridas tienden a ser pesimistas. Encuentran lo que les falta y no buscan en lo que tienen. La regla del vaso medio lleno es su talón de Aquiles y lo ponderan a los cuatro vientos. Incluso puedes llegar a atisbar un poco de rabia cuando escuchan tu discurso cargado de optimismo. Una ausencia de liviandad en sus vidas les impide no meter de manera continuada una carga emocional altamente intensa, lo que no deja a que el ambiente sea algo fluido y notes demasiada densidad en su compañía. El dúo pesimismo-aburrimiento tiene cierto grado de toxicidad y lleva a la evitación de la compañía de estas personas.

5. La dependencia.

El individuo dependiente es incompleto. Incapaz de sentir su propia individualidad, pone en el otro la razón de su existencia y la causa de su divertimento. Necesitan al otro para cubrir necesidades de su propia vida, y sus decisiones dependen de las decisiones del otro. Priorizan a los demás frente a ellos mismos, por lo que a veces no sabes si estás al lado de una persona o de un grupo de fútbol. Lejos de tener criterios propios y originales, ponen en su boca la vida de los demás, no dándose cuenta de que lo realmente divertido es la calidad y originalidad de la información y no la cantidad de esta.

6. La ausencia de credibilidad.

El individuo aburrido es a veces una persona no creíble. Tu intuición te dice que puede que estés al lado de un personaje y no de una persona. Sus gustos, conversaciones, aficiones y actitudes tienen atisbos de poco genuinas, como si respondiesen a una pose y a un sentido de la estética impostado. Muchas veces la honestidad, la transparencia y la naturalidad son las mejores armas para dejar de ser aburrido.

¿SER ABURRIDO FORMA PARTE DE NUESTRA PERSONALIDAD? ¿LO PODEMOS CORREGIR? ¿CÓMO?

Anteriormente hemos aludido a que el aburrimiento puede en ocasiones ser un rasgo y en otras un estado transitorio como consecuencia de un determinado proceso o situación personal, por lo que se puede corregir si ejercitamos una serie de pautas para poder modificarlo.

1. Dejar de ser aburrido pasa por identificar que lo somos. No se puede cambiar nada si no estamos informados ni tenemos conceptos sobre lo que queremos trabajar en nuestra personalidad y carácter.

2. Distinguir entre soledad y aislamiento. Mientras que el mantenerse aislado socialmente puede ser un síntoma de que algo no está funcionando bien en nuestra conducta, aprender a estar solos es un indicio de que podemos entretenernos con nosotros mismos.

3. Tener presente el concepto del “Aquí y Ahora” frente a la tendencia humana de lapidarnos con el pasado y viajar al futuro. Una mente libre de cargas emocionales está más predispuesta al divertimento y creatividad. Divertirse es más simple y fácil que aburrirse.

4. Saber diferenciar entre parar y pausar. Frente al concepto de la inactividad como sinónimo de poca productividad, el saber pausar es una oportunidad para el aprendizaje de cosas nuevas.

Los mayores descubrimientos en la historia de la humanidad vienen como consecuencia de espacios de reflexión. Todo lo divertido es producto de quizá haber sabido sostenerse durante algunos minutos en espacios de aburrimiento. Por el contrario, me pregunto qué hubiese sido de la Ley de la Gravedad si Newton no hubiese estado más que aburrido esperando a que cayese al suelo la manzana.

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