Se habla muy poco abiertamente sobre el número de hijos que tienen las personas solteras, separadas o divorciadas en sus perfiles cuando utilizan las páginas de las aplicaciones de búsqueda de pareja. Esto hace pensar que se tienda a omitirse toda la verdad como a veces se hace cuando nos quitemos años. Guerra explica que esto puede suceder por tener la idea anticipatoria de que encontrar una nueva pareja que venga colgada de mochila es ya un problema añadido. No solo es la familia nueva, sino todas las combinaciones que se suceden: la relación de nuestra pareja con nuestros hijos, la nuestra con los hijos de ella, la de sus hijos con nuestros hijos y la de todos juntos. Miles de vectores que interconectan entre sí, en todos los sentidos y direcciones pueden hacer que nos volvamos a casar con un nuevo marido llamado caos.

Y mientras ponemos todos nuestros esfuerzos para saber gestionar esto, tenemos en lista de espera otro fenómeno con el que también tenemos que lidiar: la nueva pareja de nuestro hijo/a que puede hacer que nos mueva el piso.

Tips para aceptar a los hijos de nuestra nueva pareja

  1. Aceptación. Más que aceptar a los hijos de nuestra nueva pareja, hay que aceptar que nuestra pareja nueva tenga hijos. Parece que se nos olvida, que en todo momento el ser humano está provisto de la libertad para elegir en cualquier momento de nuestra vida lo que quiera elegir. Incluso cuando las decisiones nos vienen dadas, tenemos el don de poder decidir si queremos sentirnos bien o mal con lo que nos acontece. Por lo tanto, si hemos elegido a una nueva pareja con hijos de anterior o anteriores parejas, tenemos que dar por hecho que éstos estarán presentes desde el principio de nuestra nueva relación y debemos evitar tener esa actitud negativa, de queja o de duda sobre nuestra elección de manera constante.

  2. Uso adecuado de los roles. Que tu pareja tenga hijos no significa que tengas que adoptarlos y convertirte en su segundo padre o madre. El uso adecuado del papel como solo pareja, va a permitir que la relación con ellos sea más sana y equilibrada. Esto va a evitar hacerse cargo de decisiones que solo incumben a sus padres y, a su vez, que esos hijos sientan rechazo por tomar el papel de sustituir a sus progenitores. Tomar una actitud objetiva no tiene porqué ser sinónimo de actitud distante.

  3. Tener expectativas claras y realistas. De igual manera que puede costar la aceptación completa de la pareja, también puede costarle a ella aceptar a los hijos como personas y pretender que la relación con ellos sea perfecta. Tener como expectativa que pueden surgir problemas en la convivencia es una manera objetiva para estar preparados cuando los desencuentros aparezcan. De esta forma, tendremos desarrolladas las herramientas necesarias para la solución de problemas ya que habremos aceptado que en todas las relaciones surgen contrariedades.

  4.  La aceptación de los hijos con la nueva pareja tiene que ver con el tipo de relación que ésta tiene con ellos. Si la pareja tiene una relación sana con sus hijos, les da el tiempo adecuado y mantiene con ellos una relación bien estructurada (dándoles prioridad, pero no total exclusividad), será más fácil desarrollar también una buena relación con ellos. Si, por el contrario, la pareja mantiene con sus hijos unos lazos de extrema dependencia, no distingue entre lo urgente y lo importante y no es capaz de organizarse con la prioridad de los tiempos, podremos encontrarnos en un marcado segundo papel, por lo que se tenderá a ver en esos hijos a unos rivales. Lejos de meternos en esas guerras, debemos ser precavidos y conscientes de que el problema no es de ellos, sino de una mala gestión por parte de nuestra pareja con respecto a ellos.

  5. El tener que hacer un esfuerzo para que la convivencia con los hijos de nuestra pareja sea adecuada y sentir que hemos de emplear tiempo en estar con ellos, tiempo que nos resta de estar a solas los dos, lejos de convertirse en un problema, puede hacer que demos mucho más valor al tiempo que permanezcamos en privado con nuestra pareja. No olvidemos que las segundas relaciones son nuevas oportunidades por lo que concentrarnos en lo que tenemos, en lugar de en lo que nos falta es una re-educación para nosotros mismos.

  6. La aceptación de los hijos de nuestra pareja viene dada sola en el que caso de que hayamos aprendido a aceptar a nuestros propios hijos, en el caso de tenerlos. El trabajo de desarrollo personal que hemos de hacer con nuestros hijos va en la dirección de aprender que les educamos para que se conviertan en seres libres e independientes. Aprender a tener escucha activa con los nuestros, comunicación no violenta, saber declarar sus fortalezas así como sus áreas de mejora, nos hace permanecer de una manera funcional con nosotros mismos y con los nuestros. Este aprendizaje en nuestra vida privada hará que desplacemos todo lo que sabemos a las situaciones nuevas que se puedan dar con los hijos de los demás.

  7. La aceptación de los hijos de nuestra nueva pareja pasa también por haber cerrado la relación con nuestros ex de manera adecuada. Una relación violenta con la pareja anterior, juicios legales pendientes, luchas por las custodias y fisuras abiertas pueden generar un estado de ansiedad e intranquilidad en nosotros que nos impida tener una estabilidad emocional que facilite la convivencia en la familia de nuestra nueva pareja. El hecho de haber concluido de manera cordial y adulta con nuestras relaciones anteriores ayuda a que tengamos una buena gestión en las emociones, por lo que esto es un gran facilitador en nuestras relaciones en el presente.

  8. Dar prioridad a nuestra primera o anterior familia, en el sentido de no olvidarnos de ella es otra gran herramienta facilitadora en la aceptación de los hijos de nuestra nueva pareja. Hay personas que se emparejan nuevamente, pero hacen un barrido a toda su vida anterior incluyendo a los hijos propios que tuvieron en el pasado. Esto revierte en un gran vacío personal, aunque no se perciba de manera consciente. Todas aquellas carencias que podamos tener con aquello que no resolvimos en el pasado se convierte en síntomas de ansiedad que nos puede acarrear a tener conductas “torpes” con los hijos de la pareja actual, de tal manera que queramos buscar en ellos una sustitución de los nuestros. Así que un buen orden en todos los aspectos de nuestra vida, contribuye a una estabilidad de todos ellos.

Cómo aceptar a la pareja de los hijos

Alguien dijo: “hijos pequeños, problemas pequeños; e hijos grandes, problemas grandes”. Cuando ya hemos terminado la etapa de la infancia, la educación pre-escolar y escolar, llega la adolescencia de nuestros hijos mayores y de sus vidas adultas en las que cabe todo tipo de situaciones. Una de ellas es la aparición del novio/a, que forman parte de lo que viene a ser la pareja de nuestros hijos.

Esta serie de pautas puede ayudarnos a saber gestionar una buena relación con ellos.

  1. Ser objetivos con la opinión que tengamos de nuestros hijos. Hay padres que se proyectan en sus propios hijos como modelos de perfección. Esto hace que estos padres tengan como expectativa buscar o encontrar la pareja perfecta para su hijo/a. Entonces, si un día el hijo presenta a una pareja que no encaja con el modelo esperado por su progenitor surge el conflicto. En lugar de ello, y pese a que no cumpla la expectativa, es mejor expresar cordialidad y respetar su elección y únicamente expresar la opinión, si es solicitada.

  2. Lo mejor para nosotros no es lo mejor para nuestros hijos. Tenemos que aceptar que los hijos se confunden durante toda su vida, en general, y también en la elección de las parejas, en particular. Hemos de re-educarnos para no ver estos errores de nuestros hijos como fracasos, sino como parte de su aprendizaje en la vida.

  3. Desarrollar la independencia con nuestros hijos, prepararnos para el llamado nido vacío. Evitar la sobreprotección con nuestros hijos va a hacer que aceptemos de manera más sana el hecho de que nuestros hijos empiecen a volar y busquen una pareja con la que empiecen su vida. Esto también va a permitirnos no solo que no rechacemos las parejas de nuestros hijos, sino que las aceptemos ya que habremos trabajado la idea de que los novios no vienen para “robar” o “apartar” a los hijos de nuestro lado, sino todo lo contrario: para favorecer que empecemos a tener con nuestros hijos y sus novios, una relación de adulto a adulto. Hemos de considerar que nuestros hijos son personas y, por tanto, la elección de una nueva pareja es parte de su desarrollo de vida.

  4. Evitar los prejuicios que tengamos como padres, las ideas extremistas como el racismo, el sexismo, el clasismo… Estas ideas pueden hacer que se prioricen nuestros deseos frente a los de nuestros hijos y puede ser que contaminen una aceptación sana de las parejas de nuestros hijos. El respeto absoluto a la elección de ellos, siempre y cuando observemos que no hay conductas alteradas, es una vía para la aceptación.

  5. En el caso de que nuestros hijos estén saliendo con alguien con conductas complicadas, negativas o incluso peligrosas, tenemos la responsabilidad de indicarlo y hablarlo abiertamente, pero no con ello tener la expectativa de que nuestros hijos abandonen a esa persona. Hay que diferenciar entre ser responsables como padres o hacernos cargo de que todo salga bien, y esto a veces es inviable porque depende de muchos factores. Además, ocurre que cuanto más resistamos a la pareja, más va a persistir el problema, por ello hay que tratar de relacionarnos con nuestros hijos de adulto a adulto, no de padre a hijo porque ya empiezan a ser mayores y toman sus propias decisiones. En este sentido, hemos de tener herramientas de asertividad, desarrollar la paciencia y esperar que sea el hijo que tiene un problema con su pareja el que pida ayuda, teniendo en cuenta que la resolución de este tipo de problemas requiere tiempo.
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