Aprender a controlar las emociones propias y ajenas es la capacidad que tenemos todos, en parte por genética y en parte como habilidad, para desarrollar y percibir nuestros sentimientos y los de otros, comprenderlos, expresarlos y canalizarlos en nuestro beneficio.

Nosotros somos responsables de gestionar nuestras propias emociones, no podemos gestionar las ajenas, es decir, no es posible “controlar” lo que sienten los demás. Sin embargo, en la relación con los demás, lo principal consiste en optimizar las habilidades que nos permiten intuir cómo se sienten los otros, para poder así actuar en consecuencia con inteligencia emocional.

Dicho de otro modo, no podemos intervenir directamente en la gestión de las emociones ajenas, pero sí podemos aprender a detectar esas emociones para poder gestionar las nuestras para nuestro beneficio y el de una relación sana con los demás. Dando un paso más allá, todo esto nos podrá permitir influir en los demás de manera juiciosa mediante acciones diseñadas para alcanzar una finalidad concreta ya sea en el trabajo o en el plano personal.

La inteligencia emocional es fundamental en todos los ámbitos de nuestra vida y, por su puesto, también en el terreno laboral. Hay ya estudios que han podido probar que las organizaciones en las que sus trabajadores presentan un nivel elevado de inteligencia emocional experimentan una mayor motivación y compromiso por parte de los empleados.

En cambio, en las empresas cuyos trabajadores presentan un nivel bajo de inteligencia emocional tienen un mayor cambio de personal, baja productividad y menos ventas. Además, aparecen comportamientos negativos como peleas, malos entornos laborales, mal humor…Todo esto provoca estrés y el síndrome del Burn Out, es decir, que la gente “se queme”.

Un indicador de inteligencia emocional desarrollada es, sin duda, la capacidad de entender las situaciones difíciles como un desafío. Y esto, trasladado al ámbito laboral, se materializa en que, en lugar de paralizarse o de explotar ante los cambios o problemas, los empleados con alta inteligencia emocional perseveran, enfocándose en los recursos que tienen al alcance para resolver la nueva situación o el problema. Es decir, se enfocan en la solución.

Además, la inteligencia emocional está directamente relacionada con el estrés. A mayor inteligencia emocional, menor estrés en las situaciones generales y, por su puesto, laborales.

Las personas emocionalmente inteligentes saben que necesitan regular el nivel de activación de sus emociones de forma apropiada. ¿Cómo? Reconociendo sus limitaciones (y delegando, en lo posible), utilizando herramientas como la respiración profunda cuando sienten ansiedad, replanteándose la forma en la que se mira la situación o las circunstancias, poniéndose en el lugar de los compañeros u otras personas para prevenir o reducir conflictos.

La empatía es la capacidad de ver el mundo como la otra persona, comprender sus sentimientos, necesidades, preocupaciones y estado emocional. Se trata de una competencia clave de la inteligencia emocional, fundamental para comunicarnos y relacionarnos con los demás. De ahí la importancia de fomentarla en ámbito laboral.

Ser empático en las relaciones laborales conlleva múltiples beneficios. Ayuda a establecer relaciones más duraderas y auténticas con nuestros compañeros o colaboradores, pero ponerla en práctica también redunda notablemente en beneficio de otros aspectos como la comunicación en la empresa, la atención al público, la capacidad de liderazgo, las habilidades de negociación y el trabajo en equipo.

Conocer las necesidades de los demás, propicia ofrecer ayuda. Practicar la empatía es tan simple como cuestionarse “¿cómo se siente mi compañero?”, “¿necesita ayuda?”, “¿puedo hacer algo por él o ella?”.

Tips de inteligencia emocional para aplicar al trabajo

  • El autoconocimiento. Conocerse en profundidad y tener conciencia sobre las habilidades, necesidades y emociones propias es fundamental para poder diferenciar la vida personal de la profesional. Además, es una forma de poder gestionar los niveles de energía y concentración para poder ser productivos. Un mayor autoconocimiento es muy útil para saber gestionar situaciones de crisis.
  • La auto regulación o auto control.  Antes de dejarnos llevar por un impulso negativo debemos pensar si nuestra reacción va a ser la adecuada e intentar modelarla. Con una auto regulación adecuada tendremos lacapacidad de saber repasar lo que ha podido ocurrir, analizar las propias acciones y los resultados para poder pensar en una respuesta diferente y mejor, para la próxima vez que ocurra.
  • La auto motivación. Con este principio, podremos ser capaces de lograr aquello que queremos conseguir (proponiendo objetivos realistas).  Es el motor interno que nos lleva a realizar nuestros objetivos y metas. Se trata de tener confianza en nosotros mismos, para de esta forma lograr convencer a los compañeros o colaboradores.
  • Comunicación asertiva. Se trata de saber utilizar el tono adecuado y buscar el lugar más idóneo para expresar un problema. Por ejemplo, cuando un compañero comete un error, es importante enfocar el mensaje a la resolución del problema, intentando hablar de las consecuencias que puede tener en el ámbito profesional.

Lo más importante de todo es identificar que tenemos una inteligencia emocional y que tenemos el compromiso de desarrollarla, de la misma forma que desarrollamos nuestro físico. En el paradigma social aún no se considera algo básico, y, por tanto, no todo el mundo la desarrolla, ya que ni tan siquiera sabe que la tiene. Por eso es importante identificarla, que se enseñe en la sociedad que existe y explicar en qué consiste.

COMENTARIOS

Deja un comentario