Lo primero que habría que definir es qué es ser un “buen amigo” porque puede tener significados distintos según la persona. Si el amigo cambia tan drásticamente, al revisar el comportamiento que ha tenido en el pasado, seguramente podamos ver algunas banderas rojas que quizá hemos ignorado. Hemos intuido algunas cosas que no nos han gustado y, sin embargo, en lugar de hacer caso a nuestra intuición, seguramente las hemos llevado al raciocinio para justificar alguna conducta, auto engañándonos. No se cambia de la noche a la mañana, lo que puede haber ocurrido es que no hemos hecho caso a las señales previas.

En la reacción puede haber conductas con más escalas de grises, que las dicotómicas o extremas que se plantean. La primera, la de apuñalar, por más ganas que nos puedan surgir, es una conducta que conecta con la rabia y la venganza. Pero este nivel de respuesta delictivo es más propio de un psicópata.

La reacción más normalizada es la que emana de la perplejidad y el bloqueo, aunque se puedan tener pensamientos vengativos.

En cuanto a reconducir la relación, habría que ver si se puede utilizar el concepto de confianza para hablar con él. Y el concepto de confianza se basa en tres pilares:

  • La sinceridad. Hay que plantearse previamente si a esta persona se le puede ser sincera, teniendo en cuenta que hay frialdad afectiva, conciencia del mal y ausencia de empatía.
  • Las competencias. Al hablar se necesita mucha energía y hay que plantearse si la otra persona tiene suficiente competencia para escucharnos. A lo mejor nuestra queja empática se mete en saco roto.
  • El histórico. Hay que revisar si anteriormente nuestro amigo nos ha dado indicios de su comportamiento y no nos habíamos dado cuenta

Desde mi punto de vista, lo mejor es la extinción, la retirada total de atención, el contacto cero o mínimo. Ir retirándonos, utilizando técnicas como la llamada piedra gris: tener una relación con ausencia total de emociones.

Cuando una persona empieza a criticar, dejar de lado, buscar nuevas amistades, no da al amigo el valor que corresponde… A esto se le llama maltrato. Muchas veces además se entra en el juego de tratar bien y luego mal, en un refuerzo intermitente muy peligroso. Si no somos conscientes de ello, la relación puede desembocar en adicción emocional. Se tiende a justificar el maltrato, al haber habido alguna conducta positiva, y a seguir ofreciendo nuestra amistad, a la espera de una nueva conducta positiva. Pero es un error porque se pierde el amor propio en pro del amor hacia esa persona.

En estas situaciones, recuperar la amistad es difícil, yo diría que puede darse en el 10% de los casos y solo porque la persona se da cuenta que han errado.

En las relaciones de amistad, que son de igual a igual, si se tiene que estar repitiendo lo obvio a alguien, no es un sitio donde se deba permanecer. Es como dar golpes contra un muro, al final acaba hiriendo y sin resultado. Se suele dar por falta de empatía.

Si se trata de una persona que actúa porque está en un estado de perversión y maltrato, como consecuencia puntual de un estado de ánimo que le lleva a tener unos afectos negativos, sí puede ser consciente e incluso puede pedir disculpas, reparar la relación.

Sin embargo, cuando esta perversión es un rasgo de la personalidad, estamos hablando de un trastorno afectivo, que puede englobar el trastorno narcisista de la personalidad, el trastorno de la personalidad psicopática, o el trastorno de personalidad antisocial. A estas personas les falta una hormona que es la oxitocina. Tienen una carencia psíquica, que les hace tener un comportamiento de ausencia total de empatía y de frialdad afectiva.

Son conscientes de su actitud, pero las consecuencias y el refuerzo que adquieren con el sufrimiento del otro son tan grandes y las gozan tanto, que lo necesitan como suministro.

En esos momentos la adrenalina es tan fuerte que es como una droga. Es decir, somos adictos emocionales cuando dependemos de la droga del maltrato, pero también somos adictos emocionales cuando necesitamos el dolor del otro como suministro para nuestro propio goce.

Para las personas con trastorno con psicopatía es una forma de comportamiento. A corto plazo pueden entender el daño que hacen, pero es una consciencia muy superficial, no lo suficientemente grande como para producir un cambio. De hecho, tienden a repetir conductas. Ahí está el tema de la introspección para reparar, no para cambiar la conducta, siendo una reparación que se queda solo en el lenguaje, no trasciende a los sentimientos.

Estas personas son adictas y tienen un mapa de comportamiento, en el que tienen mucha dificultad. No son independientes, necesitan al otro como chivo expiatorio. Es el aprendizaje que han tenido. Está muy “aprendido” y para desaprenderlo se necesita mucho trabajo personal.

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