No es lo mismo placer que emoción, pero la industria cada vez está más interesada en el impacto emocional de sus productos, dentro de la nueva corriente que aboga por el autocuidado a todos los niveles. 

La psicosmética es la tendencia que aúna el uso de cosméticos para el autocuidado, al mismo tiempo que ofrece experiencias en los sentidos, llegando a producirse verdaderas emociones similares a las que sentimos en otros contextos. El cerebro está interconectado con el resto del cuerpo, no se puede disociar. El olfato, el tacto o la vista son sentidos que se estimulan cuando olemos, tocamos o miramos algún cosmético. Segregamos hormonas que envían al cerebro emociones positivas y muy placenteras. La psicosmética se convierte así en un mundo de sensaciones que van más allá de tan solo hidratarnos o mejorar algún aspecto de nuestra piel. Una crema dentro de un envase cuidado, nos hace adentrarnos en el mundo de la belleza, de la estética, del detalle, generando en nosotros una respuesta similar a la que podemos tener ante una obra de arte. Las llamadas hormonas de la felicidad, las endorfinas, son estimuladas cuando el envase, la textura y el olor de una crema han sido cuidadosamente diseñados. Más allá de la propuesta de consumo, la psicocosmética está comprometida con la creación de diseños que encierran fórmulas magistrales con ingredientes psicoactivos, encargados de activar nuestros sentidos, a través del cerebro. 

Hay que diferenciar entre emociones profundas perdurables y las que son superficiales, menos duraderas. Las plataformas de bienestar emocional se encargan de explicar esto con la teoría de que no debemos  “hiperpsicologizar” todas las emociones de la misma manera. El autocuidado, entonces, es una acción diaria dentro del conjunto de los cientos de tareas que ejecutamos durante el día. Visto de esta manera, la emoción de utilizar un cosmético conlleva algo placentero y positivo, pero de ninguna manera nos lleva a proporcionarnos emociones profundas. Quizá tenga ver con el tema de la autoestima en el sentido de reforzárnosla, frente a buscar autoestimas a través de los cosméticos, tan solo por el placer que proporcionan. Existe efecto de primacía al aplicarse una crema, mirarla u olerla, que tiene que ver con el alto valor reforzante que producen las cosas cuando se usan o conocen por primera vez. Esto lleva a una emoción muy intensa no perdurable en el tiempo, ya que pasado éste se produce el efecto de recencia, que tiene que ver con que los efectos novedosos pierden valor a medida que pasa el tiempo y con ello la emoción también se va normalizando. 

El hábito de todos estos tipos de auto-cuidado puede llevar a crear verdaderos cambios profundos en las personas. El autocuidado es algo que siempre suma y tiene numerosos efectos positivos desde prevenir enfermedades, a reforzar nuestra autoestima y relaciones sociales, pasando por sentirnos más fuertes, vitales, con mejor estado de ánimo, más energía y más saludables. En definitiva, aumenta nuestra calidad de vida.

Según “Hierbas contra la tristeza” de Alejandra Coll, la lavanda es un antídoto contra la tristeza, ayuda a disminuir las tensiones y favorece el sueño. El romero parece que potencia la calma en las personas, incluso ayuda a pensar, ya que al alcanzar la relajación, disminuyen la confusión mental. La naranja, el limón, la mandarina fomentan el estado de energético del individuo e inspiran para la creatividad. El geranio aumenta el auto-cuidado ya que ayuda con su aroma a recuperar la confianza. La menta contribuye a tener pensamientos de libertad y alegría, así como auyenta el pesimismo. El cedro está relacionado con el poder de sociabilizar. El eucalipto tiene los poderes de fuerza y energía. Y la citronella está relacionada con el descenso de la nostalgia.

Según Actitudfem.com, los colores oscuros están relacionados con la provocación de sensaciones de tristeza. El amarillo estimula el sistema nervioso, agiliza las funciones ejecutivas del cerebro. El naranja proporciona energía y fuerza, está indicado para utilizarlo en lugares de trabajo, estudios u oficinas. El azul tiene que ver con la sensación de calma, tranquilidad, alivio, por eso se utiliza mucho en hospitales y clínicas. El verde es el encargado de equilibrar las emociones, ya que simboliza la naturaleza y la vida. El rosa representa todo lo femenino y también está cargado de gran energía positiva. El blanco es el color que más levanta el ánimo y es la mejor opción porque aporta propiedades de calma, relax y tranquilidad.

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