Tenemos que distinguir la preocupación por adelgazar como una tendencia social relacionada con el paradigma estético de la actualidad. Partimos de la base de que al igual que en la época de Rubens los cánones estéticos se relacionaban con los patrones de sobrepeso, en la actualidad el ideal de belleza tiende a cuerpos esbeltos e incluso rectilíneos.

Dicho esto, la obsesión por adelgazar es un 80% mayor en las mujeres que en los hombres y la razón es antropológica. La más profunda y antigua radica en que la mujer se relaciona con el sexo femenino cargado de necesidad por atraer, por gustar, siendo el cuerpo el principal vehículo para ello. Si bien es verdad que lo más saludable y coherente es el autocuidado que lleva intrísneco el perseguir la llamada belleza, hemos de mantener a raya esta búsqueda, ya que se puede convertir en obsesión rápidamente.

El hombre mantiene más la atención en aspectos como el triunfo en el trabajo, perseguir retos laborales, e incluso hasta hace muy pocos años, el que un hombre se cuidase en exceso era símbolo femenino, e incluso llegó a denominarse “metrosexualidad” por parte de la sociedad.

Actualmente el cuidado masculino es también necesario y está “permitido”, aunque las mujeres tienden más a rivalizar entre ella y el maratón para que la báscula no pase de los 50 kg es uno de sus objetivos. Es obsesión cuando se convierte en el foco único y repetitivo dejando a un lado otros aspectos de uno mismo.

Las dietas de adelgazamiento pueden ser saludables, siempre y cuando estén pautadas y en seguimiento con un especialista. Para hacer una dieta, los médicos piden antes unas analíticas completas donde comprueban las variables del pacientes y en base a esto refuerzan los regímenes con complejos vitamínicos, etc. y recomiendan el peso a perder, en función del Índice de Masa Corporal (IMC). Se necesita un seguimiento continuo, una visita semanal y un aprendizaje. Psicológicamente el aprendizaje es necesario ya que no solo se trata de hacer una dieta, si no de saber qué tipo de relación tenemos con la comida. Hacer régimen a solas es peligroso porque la salud es más importante que otros muchos factores que necesitamos. Hacer dieta a solas nos lleva a veces a fracasos continuados, pérdidas excesiva y rápida de peso que conlleva efectos rebote y a estar en una espiral. Lo recomendable es “ponerse a dieta de dietas” y pedir ayuda a endocrinos o nutricionistas expertos para que puedan reforzar y supervisar la conducta que tenemos cuando hacemos dieta y que descarten que los indicios de una obsesión por la delgadez.

Sí, se puede entrar muy rápido en los trastornos de la conducta alimentaria, que son la anorexia y la bulimia. La anorexia nerviosa, enfermedad de la distorsión de la percepción, puede llevar a la pérdida total de masa corporal, a la amenorrea (pérdida de la menstruación), a la inanición y, en muchos casos, a la muerte por paro cardíaco por la falta de comida y bebida, llegando incluso a problemas de deshidratación total.

De igual manera la bulimia es otro cuadro grave que hace que la persona coma mucho más de lo saludablemente posible, provocándose incluso vómitos tras la excesiva ingesta. Esto acarrea problemas graves digestivos, de estómago, de exófago, de piel, dentales… introduciéndonos en un círculo vicioso de obsesión con cuadros de ansiedad y depresión que pueden llegar a cronificarse y convertirse en uno de los trastornos más graves en el mundo de la salud mental.


Afecta sobre todo en la frustración por vivir en una rueda o círculo vicioso, al darnos cuenta de que es la única idea que nos importa y teniendo atisbos de que sea una adicción a la comida. La vida cotidiana se ve afectada por un desorden en los pensamientos, en las emociones y en las conductas. Los momentos que surgen ante la comida se convierten en un reto, porque la relación con ésta es tóxica. Tenemos hambre pero nos castigamos no comiendo o comiendo en demasía. Evitamos relaciones sociales que nos acarreen tener que enfrentarnos ante situaciones en las que hay alimentos, pudiendo entrar en fases de aislamiento, ansiedad o depresión. La compra y la cocina se convierten en actividades limitantes porque son tareas con alta presión para personas que están obsesionadas con adelgazar. Los días son maratones de 24 horas llenas de dudas, descenso del rendimiento laboral, fobias sociales y sensación de que esta idea por adelgazar nos está contaminando nuestra vida diaria y está apoderándose de nosotros por lo que la emoción y el sentimiento y ganas de adelgazar es el dueño de nuestra vida y no al contrario. Esa obsesión por la situación de comer nos gestiona a nosotros.

Estos son algunos tips para detectar si estamos obsesionados con adelgazar:

  1. Si nos pesamos más de una vez al día, antes y después de las comidas e incluso antes y después de haber bebido.

  2. Si el espejo se convierte en un aliado enemigo, empezando además a tener fijación con una parte específica de nuestro cuerpo y nos la estemos mirando continuamente. A esto último se llamada dismorfofobia, es una distorsión de nuestra percepción porque vemos aumentada exageradamente una parte concreta de nuestro cuerpo como las piernas, los brazos, el vientre, la cara, etc.

  3. Cuando evitamos hacer una o más de las cinco comidas que los nutricionistas recomiendan hacer a diario.

  4. Cuando sustituimos los líquidos por sólidos. Es decir, al tener hambre, cuando se intenta “engañar” al estómago bebiendo agua para crear la sensación de saciedad.

  5. Cuando omitimos las opiniones de los demás; hay momentos en los que las personas que nos rodean observan que estamos adelgazando mucho y muy rápido. Cuando hay más de dos o tres de estas personas que lo hacen y actuamos con molestia o enfado antes estos juicios. En el fondo sabemos que es cierto y realmente estamos obsesionados porque estamos adelgazando de manera alarmante.

  6. Cuando consumimos productos quemagrasas de farmacia al mismo tiempo que bebemos tisanas diuréticas o incluso laxantes, sin criterio médico ni receta ni, por su puesto, prescripción médica.

  7. Cuando nos sentimos molestos por comer delante de los demás y tenemos sensación incluso de culpabilidad por pensar que estamos comiendo en exceso. Hay situaciones en las que incluso podemos criticar mentalmente por pensar que comen demasiado o una sensación de envidia por verlos comer.
COMENTARIOS

Deja un comentario