El amor viene referido a un autocuidado a nosotros mismos, tiene que ver con respetar nuestra escala de valores, nuestros principios y, en definitiva, la auto aceptación de nuestro propio ser. Empezamos a cultivar el amor propio desde que nacemos, siendo primordial que hayamos tenido la suerte de haber nacido en un entorno familiar funcional. Un reconocimiento por parte de nuestros progenitores es fundamental para nuestra autoestima, contexto que abarca el concepto de amor propio. Por tanto, es un aprendizaje más, quizá el más importante, que sirve de base para todos los demás.

Pautas:

  1. Identificar el concepto de autoestima, que por definición es el aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo. Es un concepto por el que a veces pasamos por la vida sin reconocerlo, sin saber ni tan siquiera que existe. Por tanto, es importante que cada día el desarrollo emocional tenga la misma importancia que la sociedad otorga al desarrollo físico o del conocimiento del cuerpo y su salud orgánica. Reconociendo que no nacemos sabiendo, hemos de emplear un tiempo para nuestro autoconocimiento personal, no necesariamente hay que padecer un trastorno psicológico. El conocimiento de nuestra psiquis ayuda a identificar un buen desarrollo de la autoestima y consiguientemente de nuestro amor propio.

  2. Para tener amor propio tenemos que fortalecer nuestras aptitudes, que son las capacidades que tenemos para realizar las actividades o conductas necesarias para poder vivir. El amor propio se intensifica cuando somos capaces nuestras fortalezas o aspectos positivos, así como nuestras áreas de mejora o aspectos negativos. Desarrollar nuestra capacidad crítica hacia nosotros mismos, por lo tanto, nos conduce a un autocuidado mucho más evolucionado, dándonos la fuerza necesaria para nuestro auto respeto y la proyección de este hacia los demás.

  3. Hay que trabajar la dependencia emocional para aumentar nuestro amor propio. Entendemos por dependencia emocional un rasgo negativo de nuestro carácter que nos lleva a ver al otro como una necesidad y no como una opción. Cultivar una libertad individual es importante para nuestra independencia. Se habla mucho de que el ser humano es un ser social por naturaleza, sin embargo, bajo mi criterio, el individuo ha de aprender antes el arte de ser “individual” para poder después formar parte de la sociedad, sin tener relaciones tóxicas. Primero hay que aprender a ser persona para después aprender a estar en relación con los demás. Soledad no es estar solo, es aprender a estar con uno mismo. 

  4. Dar valor a los grupos de referencia: saber vincularse sanamente con los demás. Tener relaciones saludables aumentan el valor en nosotros mismos y, por tanto, la autoestima y el amor propio. Una familia que funcione de manera sana, un trabajo, unos amigos, una pareja funcionales son puntos de referencia importantísimos para potenciar el amor por nosotros mismos. Sentirnos cuidados, sostenidos, comprendidos, ayudados y respetados refuerzan nuestra propia seguridad en nosotros. Por el contrario, un ambiente tóxico, repleto de juicios negativos, de críticas continuas, con falta de sinceridad y empatía, puede llevarnos al auto cuestionamiento de nuestra propia valía personal. Aprendemos el amor propio con mayor probabilidad cuando aprendemos a ser queridos, para después saber querernos.

  5. Dar importancia a nuestro intelecto y a nuestro trabajo. “Ora et labora”: frase mítica que induce a pensar que el trabajo nos conecta también con nuestro valor personal y nos conduce a la independencia. Trabajar o el arte de poder ser útil para obtener o no una remuneración aumenta de manera positiva la percepción sobre nosotros mismos. Dar importancia a nuestro trabajo diario, sea remunerado o no, como por ejemplo ocurre con las labores del hogar de las amas y amos de casa, nos impulsa a un reconocimiento de nuestro esfuerzo y a una sensación de utilidad y auto realización personal. El trabajo es vehículo para satisfacer nuestras necesidades básicas. 

  6. El cuidado de las necesidades básicas aumenta el nivel de amor propio. Amarse o quererse a sí mismo es sinónimo de autocuidado. Esto pasa por varios niveles: 

    A. Autocuidado intelectual, es una necesidad básica que hace que ejercitemos nuestra mente, estimulemos nuestros pensamientos y saquemos la creatividad que todos tenemos dentro de nosotros.
    B. Autocuidado corporal. Atendiendo a nuestro cuerpo nos comprometemos a atender nuestra salud física y liberar la ansiedad que todos tenemos como forma de reacción a estímulos estresantes. El ejercicio, el sueño, la alimentación, etc.
    C. Autocuidado emocional. Es la gestión de nuestras emociones y el conocimiento de ellas. Aprender a tolerar la frustración es un ejercicio básico para aprender a querernos. 
    D. Autocuidado espiritual. Es el más olvidado, cuando a mi juicio es el más importante. La conexión con nuestros valores y estar al lado de lo que realmente es importante. Es la capacidad de conectarnos con nuestro interior. Por ejemplo, la meditación es una actividad importantísima para aprender a atender plenamente el aquí y el ahora. Es una manera de fomentar el amor propio porque bajamos nuestro nivel de preocupación al dejar de pensar en el futuro; nos preserva de nuestros miedos.
  1. Aprender habilidades sociales. Hay habilidades sociales que en mi opinión son fundamentales:

    A. Saber escuchar activamente a los demás, para discernir que lo que nos dicen son opiniones y no realidades absolutas. De esta manera, no nos sentiremos juzgados ni pondremos en duda lo que nosotros realmente pensamos acerca de nosotros mismos. 
    B. Tener asertividad. Ser capaces de decir y hacer lo que queremos decir y hacer en cada momento. De esta manera también preservaremos la validación a nosotros mismos.
    C. Gestión de conflictos. Ser capaces de decir lo que pensamos con respecto a saber gestionar con los demás y llegar a negociar nuestros deseos, necesidades y alternativas 
    D. Aprender a poner límites. Esto nos ayuda a nuestra estructura de personalidad y por tanto a mantener el respeto a nosotros para fomentar el amor propio

  2. Uso saludable de nuestro lenguaje. El lenguaje es la principal herramienta que tiene el ser humano. Somos lo que nos decimos a nosotros mismos. Conocer y saber que tenemos derecho a decir “sí”, “no” y, sobre todo, “no sé”. Con el aprendizaje del decir “no sé”, posponemos la ansiedad que nos puede producir la exigencia que ponemos ante la toma de decisiones, cuando aún no sabemos qué decisión tomar. Esto tiene que ver con fomentar la autoestima, cuya pata más importante es la conocer a ciencia cierta que “nos merecemos” una base de tranquilidad y serenidad.

  3. Conocer nuestro ego. El ego no es amor propio. Un ego soberbio tiene que ver con poca autoestima y poco amor a nosotros mismos. Un ego empático, solidario, altruista hace que demos valor a los demás y, por lo tanto, de manera intrínseca y automática nos demos valor a nosotros mismos.

  4. El cuidado de nuestro “super yo” y nuestro “ello”. El “super yo” es nuestra parte autoritaria, la que nos exige la perfección. Todo aquello que se aleje de cumplir expectativas altísimas, nos preserva de la tendencia a dejar de querernos. El “ello” es nuestra parte niña más infantil, tiene que ver con nuestra impulsividad. Gestionar ésta, nos hace más consciente de nuestro ser adulto y, por lo tanto, tener la madurez necesaria para nuestra autogestión, autocuidado y, en consecuencia, del conocimiento y desarrollo de nuestro amor propio.
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