En verano, normalmente acostumbramos a ver pasar el tiempo tumbados bajo el sol. Sin preocuparnos del tiempo, de las obligaciones, de la rutina, del qué pasara. Vivimos el verdadero “Aquí y Ahora”. El verano es un tiempo entre dos tiempos, un tiempo entre un curso que se fue y un curso que llega.

El ser humano, se mueve en un mundo de temporalidad, con el fin de acotar actividad con descanso, trabajo con ocio, e incluso los cambios de estación de tres meses cada uno, sirven para distinguir estadíos, que nos llevan a acciones bien distintas.

Septiembre es un mes de nuevo curso escolar, y de nueva dirección laboral, lo que de forma sutil, nos invita a tomar itinerarios renovados. Es la estación del comienzo, tras la época más larga que tenemos de descanso que son, los meses de verano. Adelantarnos a como queremos que sea nuestro futuro, no siempre implica ir con prisas, si no poner en orden la vida, tu vida. 

¿Es incompatible descansar con proyectar nuevos objetivos?  A mi juicio, es indispensable desconectar y vivir el momento. El verano invita a sacar el ser libre que todos llevamos dentro, para contrarrestar y descansar de los horarios y el ritmo del invierno. Ser livianos en verano, es la otra cara de la exigencia del resto del año. Desordenar un poco los hábitos, ayuda a poderlos ordenar después otra vez.

Vivir el descanso con tranquilidad, hace que nuestra autoestima se refuerce, ya que es indispensable recordar que nos merecemos todo aquello bueno que nos ocurre. Y cuando toca descansar, es imprescindible hacerlo con imperturbabilidad y abandonarnos a vivirlo.

Llegar a saber jugar al role de “veranear”, es la otra cara de la moneda. Poder olvidarse de reglas y normas del invierno y saber quebrantarlas, refuerza nuestro poder de adaptación después, a momentos que nos requieren más esfuerzo académico, laboral y el de todas aquellas actividades que exijan una rutina cotidiana.

 Aún así, emplear un tiempo en nuestro descanso veraniego para planearnos y replantearnos nuevos objetivos para el nuevo curso, no es incompatible con dejar de disfrutar, y puede ayudarnos a gestionar el factor sorpresa, que a veces, no solo no lo necesitamos, sino que incluso puede dificultarnos, por considerarlos imprevistos con los que no contábamos.

Un ejercicio de reflexión sobre lo que nos gustaría conseguir, cambiar, innovar, probar de nuevo, o repetir, puede convertirse en un vehículo que contribuya a nuestra organización, y por consiguiente, a seguir cumpliendo metas en nuestro desarrollo como personas.

¿Cómo hacerlo? ¿Qué herramienta podemos usar para saber cómo plantearnos los cambios que queremos hacer en nuestra vida?

Lo primero que debemos pensar es cómo queremos vernos en un futuro, tener un plan, y por lo tanto, una estrategia.

Ejercicio de Visión. Coge papel y boli. Dibuja tu futuro e imagina que es tu presente. Ahora dibuja 4 cuadrantes.

1. Cuadrante del Futuro

En este cuadrante, reflexionaremos sobre nuestro futuro. Sobre aquel/aquellos proyectos que queremos conseguir. No necesariamente tienen que ser cambios. Este ejercicio también puede llevarnos a afianzar aspectos que ya tenemos conseguidos, y a ayudar a reforzarlos.

¿Dónde queremos estar dentro de uno o dos meses? ¿Dónde nos vemos? ¿Qué personas están con nosotros? ¿Cómo nos sentimos? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo lo estamos haciendo?

Aquí nos planteamos solamente nuestro futuro más próximo, relacionado con el contexto laboral, familiar, de amistad, de pareja…

2. Cuadrante del Presente

Momento del ejercicio de Visión donde nos planeamos nuestro presente actual.

¿Qué cosas tenemos en este momento? ¿Cómo definiríamos el momento en el que estamos?  ¿Cómo nos sentimos en nuestra vida? ¿Nos sentimos completos o incompletos? ¿Somos felices en general? ¿O somos infelices más tiempo del que quisiéramos? ¿Qué nos hace felices?

Y por el contrario, ¿qué es lo que nos está haciendo infelices? ¿Qué necesito cambiar?

3. Cuadrante de Fortalezas

Aquí, enumeraremos todas aquellas actitudes, aptitudes, y rasgos de nuestra personalidad que consideramos son necesarias para llegar a ese objetivo que hemos apuntado a conseguir en ese futuro inmediato.

Se llaman Fortalezas. Son nuestros recursos indispensables para llegar a nuestros retos.

¿Qué tengo y qué debo de conservar para llegar a mi objetivo?

Si lo que quiero es un cambio de trabajo, ¿será que tengo que mantener mi tesón como mi principal rasgo positivo para alcanzar mi objetivo?

Si lo que quiero es un cambio de carrera universitaria, ¿será que el mantenimiento férreo de mi decisión es mi principal fortaleza?

Y si quiero un cambio en mi pareja y me veo dentro de tres meses sin ella, ¿será el poder de la conversación asertiva y no violenta, la aptitud que he de mantener?

4. Cuadrante de Áreas de mejora

Llegamos al último cuadrante del ejercicio, y lo subdividimos a su vez en dos.

4.1.- ¿Qué tenemos que dejar por el camino, que nos impide llegar a nuestro objetivo? Y

4.2.- ¿Qué cosas tenemos que aprender, qué cosas nos hacen falta para conseguirlo?

Este ejercicio de Visión, nos va a ayudar a tomar conciencia de nosotros mismos durante el verano, para poder identificar qué cambios queremos dar, saber priorizarlos, diferenciar lo urgente de lo importante, y conocer por dónde queremos empezar a cambiar,

Si aprendemos a identificar nuestras fortalezas y áreas de mejora, sabremos con qué recursos contamos, y por lo tanto, podremos ya proyectarnos en el futuro que queremos tener.

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