De todos es conocido aquello de “Mejor solo que mal acompañado”, pero en general hay una creencia extendida de que las personas solitarias son “raras” o “tristes”, sin tener en cuenta que pueden ser absolutamente felices con un círculo social reducido y que su propia compañía les haga sentir plenos, seguros, productivos y reflexivos.

La terapeuta explica que la soledad no es mala por sí misma. Comer sin más compañía que el diálogo interior o reflexionar a solas en un país extranjero no tienen por qué ser situaciones negativas, siempre que sean elegidas.

Sin embargo, hay distinguir entre solitarios que lo son por decisión propia, de los que se vuelven así por culpa de los demás. Los que prefieren la soledad porque sus intentos de salir de ella han sido frustrados, ya sea por acoso como por dificultades sociales, no sienten una auténtica predilección por la soledad; permanecen aisladas en contra de su voluntad y, por consiguiente, no se puede decir que prefieran estar a solas de forma auténtica. 

Características 

Estas son las características más significativas de las personas solitarias:

  1. Se conocen así mismas y suelen saber lo que quieren y, por tanto, establecer claramente los límites a otras personas. Creen que, si una persona no se es fiel a sí misma, entonces no lo será a nadie más, lo que hace que también entienda y respete los límites de otros. tienen un nivel más elevado de autoconocimiento. Al tener un mayor grado de conocimiento, presentan una mayor consciencia de sus fortalezas y debilidades y por esto es más probable que logren sus metas.
  1. Suelen valorar más las relaciones y ser muy leales, porque, aunque estén acostumbrados a estar solos, cuando llega alguien que quieren cerca se convierte en la relación más leal de todas (de pareja, amistad, de trabajo o familia). Al tener mucha confianza en sí mismos, no buscan la constante aprobación de los demás. Consideran que no deben nada a nadie y, por tanto, no sienten miedo de ser rechazadas.
  1. Tienen una mente muy abierta, siempre en busca de nuevas aventuras y actividades. Esto les posibilita tener ideas más flexibles y, por lo tanto, adaptarse más fácilmente al mundo cambiante que vivimos. 
  1. Suelen ser más resilientes y tienen fortaleza en los malos momentos. Están acostumbrados a enfrentar sus miedos, problemas y puntos débiles de frente, lo que es una señal de fuerza y valentía. Los retos no les generan pánico porque son muy reflexivos y están preparados para enfrentar cualquier adversidad. Asimismo, en momentos de desánimo, utilizan su soledad para recargar fuerzas y diseñar soluciones.
  1. Son personas empáticas, hábiles a la hora de comprender lo que les pasa a los demás y no suelen juzgarlos. Están más atentas al comportamiento de los otros y saben cuando algo no va bien. Además, tienen facilidad de ver el lado positivo de cada situación, buscando ayudar a las otras personas de una forma práctica y consciente.
  1. Por último, las personas solitarias valoran el tiempo más que nadie y suelen administrar de manera más efectiva y productiva las tareas cotidianas. Suelen ser puntuales y aprovechan el tiempo al máximo porque saben que es parte del éxito de la vida y evitan también que los demás lo pierdan. Presentan una alta capacidad de concentración. 

La soledad excesiva y la falta de contacto social

Es innegable que el ser humano es un ser social por naturaleza y existen estudios que muestran que la soledad no siempre es la mejor opción para la salud. Ésta se ha asociado a una menor cantidad de flujo sanguíneo y a un sistema inmune más pobre, lo que también puede llegar a aumentar las probabilidades de sufrir depresión.

No hay más que ver la repentina subida de los casos de depresión que se han derivado del reciente aislamiento impuesto por el confinamiento durante la pandemia.

Sin embargo, el problema no es solo mental: también hay estudios que indican que los solitarios tienen una presión arterial mayor, por lo que el riesgo de enfermedades cardíacas aumenta. Otras investigaciones apuntan a la relación entre la soledad y el aislamiento con una probabilidad dos veces mayor de padecer Alzheimer. 

En definitiva, todos estos estudios ofrecen una conclusión: la soledad no sólo tiene un impacto emocional, sino que también produce un impacto físico. 

Posibles soluciones

Si hablamos de soledad no escogida, sino impuesta o autoimpuesta, la solución no es sencilla.

Lo queramos o no y, a pesar de (o precisamente debido a) todas las tecnologías a nuestro alcance, la soledad es una tendencia extendida de nuestro tiempo, agravada por la pandemia. De hecho, sin ir más lejos, Japón este año se ha visto obligado a crear el Ministerio de la Soledad para combatir la ola de suicidios a consecuencia de la pandemia. Es el segundo en hacerlo después de que en 2018 Reino Unido fuera la primera nación en dar este paso. Otros países como Australia han señalado en época electoral esta temática como un asunto políticamente relevante.

Para tratar la complejidad de la soledad en nuestra sociedad no hay soluciones mágicas, ya que dependen mucho de la particularidad de cada caso, precisamente por la cantidad de variables que pueden interferir en el hecho de sentirse solo. Simplemente la edad ya es un factor clave. 

Pese a esto, entre las posibles recomendaciones generales figuraría la de cuidar mucho la calidad de las relaciones. En lugar de acumular amistades huecas en redes sociales, cuidar a las personas que están a nuestro alrededor. El apoyo social, y las relaciones personales saludables pueden llegar a ser un factor de protección para cualquier tipo de problema de salud mental, e incluso para la física.

COMENTARIOS

Deja un comentario