La inseguridad es uno de los rasgos de personalidad más corrientes que se puede llegar a manifestar en cualquier contexto de nuestra vida.

Tiene que ver con la falta de confianza, éste es el denominador común que tienen todas las personas inseguras. Todo esto lleva a tener dificultades en las habilidades básicas, ya que las personas inseguras dudan de sus actitudes, criterios y capacidades, llegando a tener autopercepciones distorsionadas e irreales de sí mismas. La autoimagen no se corresponde con la realidad de lo que son.

Los rasgos que presentan las personas inseguras se pueden resumir en los siguientes:

  1. Tienen una personalidad dependiente. Ponen al “otro” en una situación de desigualdad frente a ellos, generalmente se suelen sentir inferiores al resto de la sociedad. Aún así, un dato curioso es que hay personas que incluso se sienten inseguras frente a otros por sus propios éxitos personales. A veces una persona dotada de gran belleza, por ejemplo, se siente insegura por serlo.

  2. Les dan mucha importancia la opinión de los demás. El criterio que los demás tienen suelen tener más valor para ellos. Las personas inseguras a veces dudan de sus propios criterios. Incluso, hay personas inseguras que no reconoce ni tan siquiera tener criterio.

  3. Tienen una capacidad demasiado elevado para extra mimetizarse con los demás. Algunas personas inseguras sufren mucho porque dependiendo de con quién estén son de una manera u otra. Sufren porque a veces se sienten con multipersonalidades y estos cambios tan continuos, hacen que pierdan continuamente su punto de referencia e incluso que no reconozcan su propia identidad. La identidad es crucial para mantener un mínimo equilibrio en nuestra salud mental.

  4. Son personas con conductas de evitación o escape ante las situaciones y las personas. Alguien inseguro tiende a veces a rehuir de reuniones sociales porque la angustia que les produce enfrentarse a otros, en muchas ocasiones, es insoportable. Simplemente una duda sobre su aspecto físico, su vestimenta puede producirles un bloqueo emocional total y llegar a paralizarles, e incluso dejar de hacer cosas.

  5. Las personas inseguras suelen tener comportamientos obsesivos. El estilo inseguro de su personalidad les hace dudar y adentrarse en círculos viciosos de pensamiento. Se encierran en ellos con muchísimas dificultades para salir de estas ruedas.

  6. La persona insegura se apropia de una vara de medir con la que se compara continuamente con los demás. La comparación es una de las mayores trampas que existen ya que te atrapa en un mundo en el que el otro ser humano siempre va a cobrar más importancia que tú mismo.

  7. Respecto a la comunicación no verbal y el lenguaje del cuerpo, la inseguridad también evoca señales. De esta forma, se percibe en la corporalidad. Evitan mirar a los ojos, repliegan el cuerpo, cruzan los brazos, miran al suelo y les es difícil mantenerse erguidos y sonreír.

  8. Respecto a su manera de hablar, en muchas ocasiones emplean un tono mucho más bajo de lo habitual como si en el fondo de su ser desearan no ser escuchados. A veces también pueden tartamudear y otras ni tan siquiera son capaces de hablar. Podemos darnos cuenta porque si estamos a su lado, observamos que su voz tiembla e incluso sus manos. Hemos de ser muy empáticos con estas personas. En muchas ocasiones necesitan que alguien se percate por el momento por el que están pasando y se sientan apoyados.

  9. Son personas que, en muchas ocasiones, carecen de habilidades sociales, especialmente les cuesta ser asertivos. No son capaces de expresar sus necesidades y deseos. Les cuesta mucho decir que no. Piensan que de esta forma van a ser incluso más rechazados. Llegando a adoptar en muchas ocasiones conductas de sumisión. Son carne de cañón para las personas dominantes. El grado máximo de la inseguridad puede acarrear en fobias de evitación y en otros trastornos de conducta y de personalidad. Es un rasgo muy común cuando nuestra psique no se encuentra bien.

Tips para vencer la inseguridad

Aun así, no nos asustemos por la inseguridad. A grandes rasgos puede ser estacional, es decir, en algún momento podemos palpar la inseguridad, sin llegar a considerar que tengamos esta falta de habilidad como rasgo de estructura de personalidad,

  1. Mantén a raya el concepto de perfeccionismo. Es una utopía. El perfeccionismo no existe. Tener errores es humano e incluso divertido. El perfecto es frío como sacado de una cadena de producción.

  2. Alerta con la palabra exigencia. Otra trampa para alimentar tu inseguridad. Ser exigente es una orden que nos auto imponemos. Cambiemos la exigencia por la excelencia, es decir, cambiar el “hacerlo perfecto” por “hacerlo lo mejor posible”.

  3. Enfréntate a saber y a aprender a dar “feeback” a los demás. Y, sobre todo, permitir que te los den a ti. Entendiendo por “feeback” opiniones o críticas hacia los demás o uno mismo. No es cierto que las críticas sean castigos. Cuando alguien te dice que tienes algo que mejorar, podemos recibirlo como un regalo ya que nos está facilitando conocer nuestras áreas ciegas.

  4. Cuidados con los juegos olímpicos, son para los deportistas, no para relacionarte con los demás. La competición con los otros es una carrera sin fondo que te aleja de tus principales objetivos. No compitas.

  5. Aprende el concepto de estar contigo mismo. No tiene nada que ver con estar solo. Comprométete con tu desarrollo personal. Cultiva tu propia individualidad, y priorízate frente a los demás. Aprende a ser más reflexivo, de esta manera llegarás a algo vital que es conocerte a fondo y saber cuál es tu verdadera identidad.

  6. Entrénate en conocer el concepto de confianza, que tiene que ver con comprometerte a ser sincero contigo mismo y de esta manera conocer cuáles son tus verdaderas competencias como persona.

  7. Deja de hablar de inferioridad y superioridad. Es otro concepto extremo. Un dato: a veces la inseguridad se cura observando si en algunas ocasiones tú también te crees superior a los demás. Esta es una clave, trabaja tu concepto de superioridad porque seguro que lo tienes a veces. Si tu ilusión de ser superior a los demás en algún momento, la mantienes a raya, tu complejo de inferioridad desaparece por completo.

  8. Utiliza el concepto de valor. Piensa en ello. No vales por lo que haces, si no por lo que eres. Y tienes valor por el mero hecho de ser persona.

  9. Sobre todo, cultiva el sentido del humor, desdramatiza.
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