El Mago Merlín el Encantador, sugería un gran consejo. Aquel mago de la barba puntiaguda que casi rozaba sus pies, y con túnica azul de estrellas plateadas, invitaba a que fueras al mundo de los sueños y deseos, y vivir allí un tiempo, tocando tu futuro…el que tú quisieras conseguir, con la emoción de haberlo hecho ya realidad, y pudieses vivirlo un rato, un rato largo.

Después proponía algo más: “ahora vuelve al presente -decía el mago- y empieza a pensar, a sentir y a hacer todo que tuviste que pensar, que sentir y que hacer para poder ir y estar donde ya has estado. Si ya has estado ahí, es porque lo conseguiste una vez…utiliza el presente para llegar al futuro…visualiza con fuerza ese futuro… desea también con fuerza estar allí. Es la única manera que conozco, y eso que soy un mago…de que se cumplan tus sueños”.

Estos juegos y cuentos de visión e ilusión por el futuro, están dejando de cobrar sentido en este presente en el que estamos.

Como profesional de la salud mental y sensibilizada al máximo con el mundo de las emociones, observo que estamos viviendo con una sensación de irrealidad importante. Llamo importante a lo que todos entendemos por grave. Mientras vamos saliendo del estado de shock en el que nos adentramos al comienzo de la pandemia en marzo del 2020 y del que aún no hemos salido, nos introducimos de nuevo otra vez en otro nuevo estado al que yo ya llamo estado traumático.

Observo que pareciese como si el mundo siguiera igual, ya que el ser humano está intentando normalizar sus vidas, sin embargo, hay un sentimiento fantasmagórico generalizado que atisbo como punto de partida en todos nosotros.

El silencio es una herramienta cuando no sabemos qué decir.

Creo que estamos enmudeciendo todos. Es imposible que podamos transmitir todo lo que está ocurriendo. Tendríamos que inventarnos un vocabulario nuevo.

Solo se me ocurre entonces, elaborar distinciones, palabras que parecen significar lo mismo, pero tienen el poder de hacernos sentir de manera diferente, o de darnos las pistas para elaborar aquel “eureka” que se le escapó a Arquímedes, cuando estableció la relación que existía entre el volumen de un cuerpo sumergido y la fuerza de flotación que este experimenta.

Estamos ahogados. Necesitamos puntos de referencia que nos hagan de línea de esto mismo, de flotación.

¿Qué podemos hacer?

1. INFORMARSE versus INMOLARSE

¿Debemos de mantenernos informados? SÍ, obviamente, pero con muchísimos límites y poniendo toda nuestra capacidad de inteligencia a nuestro propio servicio, con el fin de elegir, sintetizar y discernir lo que realmente es útil.

Estar en modo sumiso y dar por hecho que tenemos la obligación de estar al tanto de todas estas noticias devastadoras y repetitivas es inmolarse, una especie de auto suicidio lento, que nos lleva a no compensar con otro tipo de emociones que nos salven de lo que nos está provocando esta situación. No es tanto lo que nos dicen las noticias, como el cómo nos lo dicen; falta delicadeza en la información, y que alguien “recoja y sostenga” las emociones que provocan en nosotros este exceso de información dañina para cualquier sensibilidad.

La información no es la dueña de nuestras emociones. Somos nosotros los que tenemos que tomar las riendas y decidir cuándo, cómo y dónde. Es verdad que existe una realidad, pero no es “la” realidad. La realidad depende del lenguaje que se utilice. Mensajes diferentes generan realidades distintas.

Detrás de los diarios de noticias de televisión, debería de haber un psicólogo que explicase todas las emociones que se nos han desbordado tras estar informados.

2. AUTOCUIDADO versus CUIDADO EXIGIDO

Nuestro hartazgo tiene que ver también con la incongruencia a la que estamos sometidos. La autoridad está cruzada, y nos lleva a sentirnos como aquel niño que observa perplejo como su madre dice una cosa y el padre refuta lo contrario. Finalmente el niño se va a su cuarto, y los padres siguen discutiendo solos. Esta es la sensación que nuestra sociedad vive.

Mientras observamos el cómo se lidian las ideas desde aquellos que nos mandan, tenemos que desarrollar el concepto de autocuidado; proyectarnos a nosotros mismos dentro de un contexto de sentido común, si es que es común. Si no lo fuse, que no está siendo, diseñarnos un propio programa de auto normas que nos permitan estar en congruencia con nuestro ser, independientemente del conjunto de incongruencias que observemos fuera.

3. PROCUPARSE, OCUPARSE DE LA PREOCUPACIÓN DE OTROS

Otra manera de hartazgo y de tocar fondo es la relación con los demás. Las relaciones sociales han de estar hechas a la medida de nuestras necesidades, de las necesidades de cada uno de nosotros. Conceptos como generosidad, solidaridad y actitud de ayuda permanente han de verse sometidas a examen ahora. Es el momento de saber elegir con quien queremos estar acompañados. Personas pesimistas, con quejas continuas, las que algunos psicólogos denominan “tóxicas”, están ahora a la búsqueda y captura de víctimas escuchadoras. Esto es grave para nosotros. Tengamos claro el concepto de ELEGIR. Ahora más que nunca podemos decantarnos por evitar este tipo de personas y sus conversaciones.

Está demostrado que se puede agredir con las palabras. Utilizar a alguien para así poder vaciarse” de la propia angustia es un acto de agresión al otro. Observemos esto con atención, y decidamos decir que NO a escuchar a aquellas personas que se comunican de esta manera.

4. VICTIMISMO versus RESPONSABILIDAD

Todos somos víctimas de esta situación. Es imposible de entender, y esta realidad es desbordante. La psicología positiva demasiado positiva, también puede llegar a ser una provocación al ser humano y que justo genere el efecto contrario. La exigencia en ser optimistas en esta situación es una expectativa irreal, que puede generar más frustración aún si cabe.

Si bien es cierto que los profesionales de la salud mental tenemos la misión de sostener las emociones desbordadas y desbordantes de las personas, hemos de tener la responsabilidad también de darles un espacio al pesimismo, que en este caso sería un pesimismo defensivo, que nos ayude a prepararnos a estar preparados para cualquier tipo de acontecimiento por muy arduo que sea.

El “hartazgo” de esta situación reclama a gritos que nos den un espacio para la queja, para la angustia, para la incertidumbre, para las dudas y para el desasosiego. Sí, somos víctimas. Y llamarnos así nos permite tener un contacto con la realidad. Tras esto, está también nuestra decisión de victimizarnos o no. Esto sí que lo podemos elegir cada uno. Y es responsabilidad de cada uno saber que es mucho más sano no hacerlo.

5. PENSAMIENTO INDIVIDUAL versus PENSAMIENTO COLECTIVO

Ser sociables o no en estos momentos también es una elección. No hay obligatoriedad ninguna en serlo ahora. El ser humano es “sociable por naturaleza” pero también es un ser individual en su más amplio espectro. Puede ser entonces otra elección más en esta situación en la que nos sentimos privados de libertad; el decidir entonces auto dosificarnos la mal llamada “necesidad de estar con los demás” puede ser una herramienta que nos ayude a gestionar la angustia de sentirnos con la prohibición de estar sin ellos.

Esto ayuda a auto conocernos, cosa que muchos de nosotros quizá no hayamos tenido la posibilidad de hacerlo nunca, por haber tenido demasiado “ruido” dentro de nosotros, ruido que es la suma de las opiniones de los demás, más las dudas que nos generan esas opiniones, más el esfuerzo de poner nuestros argumentos por encima de todo esto.

6. LA LIBERTAD DE DECIDIR AUTOCONFINARSE versus CONFINARSE POR OBLIGACIÓN

El hartazgo llega también de la mano cuando estamos continuamente en la situación de “en vilo” respecto a lo que se va a decidir hacer con nosotros. La ansiedad que produce estar a la expectativa de normas que cambian de manera continua genera unos costes emocionales muy altos, así como sensaciones de impotencia ante la ausencia de sentir que no tenemos las riendas de nuestra vida.

Hemos de adelantarnos a esto también; generar cada uno de nosotros la decisión de la vida que queremos llevar a partir de ahora, y diseñarnos una vida a partir de estas limitaciones.

Observo en las personas que están inmersas en una carrera sin fondo para llegar a la meta consumiendo actividades de manera compulsiva “por si acaso” en un momento próximo les prohíben hacerlas. Por otro lado observo también a muchas otras inactivas, sumidas en una profunda tristeza y depresión, con el argumento de “si todo sigue así, yo no quiero vivir de esta manera”.

En cualquiera de los dos casos, la sensación de base es la misma; la incapacidad que tiene el ser humano de vivir centrado en el presente, en el aquí y ahora, en el carpe diem del instante.

Comentarios como el de “ojalá pase esto pronto”, no solo es un deseo disperso, sino que nos aleja de todo tipo de arraigo con nosotros mismos.

Por ello hemos de buscar objetivos a cortísimo plazo, metas del presente, no esperar al futuro, y a ver si “esto pasa”, porque con esta filosofía, puede entonces que se nos pasen más cosas.

Tenemos que diferenciar entre ponernos retos alcanzables y no desafíos de altas expectativas que probablemente sean difíciles de cumplir.

7. EMPATÍA versus HIPER EMPATÍA

La empatía supone ser un espejo para el otro, y la hiper empatía una “esponja” que absorbe todo lo del otro. Son dos conceptos diferentes.

Nos estamos extralimitando con la empatía, haciendo nuestro el sufrimiento de los demás a unos niveles exagerados. Esto hace que nuestra barrera protectora no exista, convirtiéndose en una hiper sensibilidad patológica.

En este momento presente, la observación de este límite ha de ser obligada. Uno de los síntomas del hartazgo que sufrimos ahora es el no saber poner estas barreras, llegando a tener verdaderos episodios de sobredosis por los acontecimientos de los demás y esto es desbordante. Nos hiper empatizamos con el sufrimiento de las personas mayores, con la frustración de los jóvenes, y entramos en un mundo de discursos llenos de carga emocional, incapaz de ser soportados por nuestra propia psiquis.

8. Preguntar ¿QUÉ TAL? versus preguntar ¿QUÉ NECESITAS?

Vuelvo a insistir en que nuestro sistema emocional está en shock, y por consiguiente, nuestro sistema de creencias, ideas y pensamientos.

Esto se vuelve a poner de manifiesto cuando nos relacionamos con los demás, y de nuevo tenemos que gestionar el lenguaje.

El hartazgo también viene de la mano de tener que contestar a determinadas preguntas inadecuadas de los demás, que son todas aquellas que de manera “gratuita” nos pueden llegar a invadir nuestra difícil alcanzada tranquilidad en estos momentos.

La pregunta de cómo estás, qué tal estás, es una pregunta demasiado amplia en estos momentos. Realmente, no solo no mitiga nuestro estado emocional inestable, sino que puede ayudarlo a desestabilizarlo más. En estos momentos, puede considerarse incluso una pregunta invasiva porque realmente no vamos a saber que contestar ya que ni tan siquiera muchos de nosotros sabemos la respuesta.

Preguntas como qué necesitas, sin embargo, da cabida a poder contestar lo que realmente queremos del otro, e incluso nos da la libertad para poder contestar que lo que realmente necesitamos es que no nos hagan preguntas.

Estamos tristes. Es una situación muy difícil. El principal síntoma de la tristeza es la irascibilidad y la tenemos. Por ello este hartazgo que sentimos a nivel general es un mecanismo de defensa para poder protegernos de la realidad que estamos viviendo

Einstein decía: “El secreto en la vida no es dar respuestas a viejas preguntas, si no hacernos nuevas preguntas para encontrar nuevos caminos”.

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