Si 2020 nos ha enseñado algo es a mirar las cosas desde un prisma diferente.


Ha sido un año emocionalmente duro de afrontar por el dolor de la pérdida, el sufrimiento de la enfermedad propia o cercana, el haber estado en primera línea en la batalla contra la Covid19, las consecuencias económicas y laborales de la pandemia, el distanciamiento social, etc.

Este 2021 no ha empezado demasiado bien,  pero en general, hemos aprendido a valorar las cosas que teníamos antes de que llegara la pandemia, y también en muchos casos ha sido un año de bajón emocional. Ya hay datos del aumento en el número de diagnósticos de trastornos depresivos que se han detectado en los últimos meses.

Por todo ello, tomar conciencia de nuestras emociones y saber cómo gestionarlas se vuelve más que nunca primordial para no caer en el pozo de la desesperación y evitar contagiarnos de las sensaciones negativas y depresivas. Pero también para poder sobrellevar todo lo que esté por venir.

El bienestar emocional nos capacita para saber manejarnos en nuestra vida cotidiana y ver el mundo de forma positiva. Nos permite tener confianza para enfrentar los desafíos diarios, mantener la salud, aprovechar las oportunidades y disfrutar de la vida.

La vida y las circunstancias cambian continuamente, por tanto, nuestro carácter, pensamientos y sentimientos también fluctúan. A veces es normal sentir malestar: tristeza, preocupación, temor o inquietud. Pero estos sentimientos se convierten en problema cuando empiezan a obstaculizar nuestra vida diaria por un tiempo prolongado.

Lo que hay tener claro es que las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno, no son buenas ni malas, son señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos. Las emociones nos informan sobre lo que necesitamos, nos preparan e impulsan para actuar. Además nos invitan a evitar el dolor y a acercarnos a lo positivo.

La clave para lograr el bienestar emocional está en encontrar un balance en todos los aspectos de nuestra vida: física, mental, emocional y espiritual. Es la habilidad de poder disfrutar la vida y a la vez de afrontar los problemas diarios que nos van surgiendo.

Además de cuidarnos a nosotros mismos, siguiendo una correcta dieta alimenticia, cumpliendo las horas de sueño y descanso, realizando actividad física, es importante cuidar las relaciones con los que nos rodean para gozar de bienestar emocional. El compartir las cosas del día a día, nuestros problemas y preocupaciones con personas de confianza o que hayan pasado por una situación parecida, nos ayuda a encontrar soluciones y a sentirnos menos solos para afrontarlo. Por ello es recomendable dedicarle tiempo de calidad a familiares y amigos, a la vez que procuramos hacer nuevas amistades, esto supondrá la posibilidad reciproca de dar y recibir apoyo.

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