Partimos de la base de que el bloqueo mental es una cosa y el emocional, otra diferente.

El ser humano funciona con estímulos y respuestas. Estamos sometidos a infinidad de situaciones, llamadas contextos, ante las cuales damos unas respuestas de todo tipo: racional, emocional y de conducta.

Dicho esto, hay momentos en los que no tenemos respuestas, además de sentirnos perdidos, ante un contexto determinado. Esta situación o sensación de parálisis se denomina bloqueo emocional.

El comportamiento humano es un puzle de tres piezas, para ejecutar una acción antes hemos de haber reconocido una emoción y antes de ella un pensamiento. Estar bloqueado, por tanto, es como tener un cortocircuito en el área del pensamiento y, en este caso, se llamaría bloqueo mental; o en el área de las emociones, que se daría en llamar bloqueo emocional. Estos dos, nos llevarían a un bloqueo aún mayor, que se denomina bloque psico-emocional, un lapsus, que es la suma de ambos.

BLOQUEO MENTAL O INTELECTUAL

La sensación de padecer un bloqueo mental tiene que ver con la percepción de identificar que estamos teniendo dificultad en una función ejecutiva, que no es otra que el pensamiento. Para pensar tenemos que ser ágiles en la búsqueda de ideas, conceptos, pero, sobre todo, en la asociación de los mismos. Solemos crear un hilo conductor a través del lenguaje interno.

A veces podemos tener la sensación de que las palabras no nos fluyen, que se nos presenta el símbolo de STOP ante nosotros, que detiene nuestras ideas, y que realmente hace que se ralentice el ritmo con el que solemos responder en otras ocasiones. Generalmente, este bloqueo mental ocurre cuando estamos cansados, con déficit de sueño o en situaciones de estrés.

Sin embargo, cuando de verdad sentimos que somos incapaces de pensar y nuestra necesidad o deseo de hacerlo va más rápido que nuestras ideas, estamos inmersos en un bloqueo mental. En la mayoría de las ocasiones, se genera como consecuencia de algo que nos ha ocurrido en el plano emocional.

Aunque la psicología cognitiva-conductual tiende a afirmar que los pensamientos se generan primero, para dar paso después a las emociones, cuando afrontamos una situación que produce en nosotros tanto impacto, es difícil detectar qué es lo que aparece primero, si el pensamiento o la emoción.

El bloqueo mental se caracteriza por una ralentización de la concentración, la atención, la capacidad de síntesis, e incluso a veces también cursa también con una dificultad en la toma de decisiones. Es una sensación de salir del paso, de sobrevivir, sin implicarnos, de estar en modo autómata y, en definitiva, de dejarnos llevar por la vida, en lugar de tomar las riendas nosotros de ella. De hecho, en el bloqueo mental perdemos autonomía, a menudo con sensaciones de irrealidad, ya que no pensar con claridad nos hace perder el punto de referencia y de identidad.

Según mi experiencia, los bloqueos mentales o intelectuales se producen en la mayoría de los casos por situaciones o hechos que han causado mucho impacto en nosotros y en nuestras emociones. De esta forma, desde mi punto de vista, el bloqueo mental se produce como consecuencia de un bloqueo emocional. Sin embargo, también es cierto que a veces es difícil discernir cuál empezó primero, ya que ambos tienen la relación causa-efecto.

BLOQUEO EMOCIONAL

Se caracteriza por ser un estado de shock que nos protege de nuestra de nuestras emociones. Hay situaciones en nuestra vida que son provocadoras de muchísimo dolor y, en ocasiones, deriva de un sufrimiento extremo. Ante esto, nuestro sistema emocional se pone en modo alerta, bloqueando cualquier sentimiento, invalidándonos hasta el extremo de no poder o saber explicar por qué nos sentimos así, ya que ni siquiera sabemos lo que nos está pasando.

En otras ocasiones, viene de la mano de un hermetismo emocional porque nos negamos a querer sentir esa emoción porque la reconocemos como invasiva. Esta incapacidad en el plano emocional se ve acrecentada cuando tenemos poco o nulo desarrollo personal, ya que no sabemos identificar las emociones al no reconocerlas. Hay personas que no pueden considerar la tristeza porque ni siquiera saben distinguirla. En último extremo, hay incluso personas que ni tan siquiera saben que la tristeza existe.

Puede ocurrir también que el bloqueo emocional venga por una negación de los sentimientos. La persona sabe que tiene esa emoción, la reconoce pero tiende a ocultarla. Puede con esto disimularla hacia los demás, pero el verdadero problema de este tipo de negación no es que la oculte a los demás, sino que se mienta a sí mismo.

Los bloqueos emocionales vienen como consecuencia de situaciones muy estresantes: una muerte cercana, una enfermedad grave, una catástrofe natural… Generan situaciones de impacto en las que la primera reacción es el shock emocional que actúa como de escudo protector, mientras vamos asimilando y adaptándonos a lo que ha ocurrido.

Tener esta sensación de parálisis emocional, nos da una tregua para ir ordenando nuestras emociones e impedir que en algún momento nos lleguemos a desestructurar.

También puede haber bloqueos emocionales de menor intensidad, que son los que se producen en situaciones de la vida diaria: el estrés del día a día, la ansiedad que genera el perfeccionismo, de querer llegar a todo, la pretensión de mantener un ritmo frenético en nuestras vidas, puede tener consecuencias negativas en nuestras emociones. Utilicemos este malestar como un indicio o herramienta para ser conscientes de que hemos de modificar urgentemente algo para evitar tener que enfermar.

TIPS PARA EL DESBLOQUEO PSICO-EMOCIONAL

Como hemos visto, tanto el bloqueo mental como el emocional se entremezclan pudiendo ser causa y consecuencia el uno del otro.

Para poder evitar el bloqueo psico-emocional, podemos seguir las siguientes pautas:

No forzarnos a pensar. Es absurdo tratar de desbloquear con la mente el propio bloqueo mental.

  1. No frustrar nuestras emociones. No hay emociones buenas ni emociones malas, todas son lícitas y humanas. Cuando juzgamos nuestras emociones, reforzamos el bloqueo emocional. Tenemos que aprender a hablar de las emociones con naturalidad y no someterlas a juicio. Un buen ejercicio es no opinar sobre las emociones de los demás. De esta manera se revierte en que podamos comprender las nuestras.
  2. Ser libres con nuestras emociones. Debemos evitar reprimirlas. Su represión hace que nuestra mente detenga esta fuerza natural, una energía que ha de poder ser canalizada en forma de sentimientos y emociones libres.
  3. Trabajar la paciencia con nosotros mismos cuando observemos estos bloqueos. De igual forma que una fractura o herida no se cura al ritmo que nosotros deseamos, las lesiones emocionales requieren de una recuperación con unos tiempos. Meter prisa para desbloquearnos, aumenta la probabilidad de continuar con el bloqueo.
  4. Pedir ayuda profesional. Llegado el caso, es necesaria y debería ser obligada como parte de nuestro desarrollo como seres humanos para que tuviésemos herramientas de afrontamiento ante situaciones de nuestra vida. El psicólogo, a través de las psicoterapia, ayudará: a identificar el bloqueo, observar sus causas y consecuencias; tomar consciencia de estas causas y aprender a verbalizarlas; tener un compromiso de trabajo y un objetivo para resolver estos bloqueos; y aprendizaje en la gestión de las emociones.

“El fin no es evitar que ocurran los bloqueos, sino tener a por seguro que pueden ocurrir y saber que nuestra responsabilizar es buscar y tener herramientas para afrontarlos”.

COMENTARIOS

Deja un comentario