Desde hace algún tiempo y declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el agotamiento digital está considerado ya como trastorno por agotamiento emocional.

La Generación Z, multidigitalizados, y llamados también multipantallas, han heredado un estilo de vida y aprendizaje de una manera obligada. Pero a mi juicio, se encuentran en controversia con sus estructuras de personalidad y sus valores más intrínsecos, muy diferentes a su generación anterior, la de los millennials. Aunque casi estén rozando con esta generación, los Z tienen patrones de comportamiento bien distintos.

Como consecuencia de la proximidad que tienen con la generación millennial, en la que parece que permanecer en las redes sociales es menos problema que intentar salirse de ellas, la generación Z, al ser más autodidactas, por estar en contacto con infinidad de plataformas y aplicaciones digitales, se convierten en personas más individualistas, donde el refuerzo social es menor, por lo que tienen más herramientas para detectar a tiempo las consecuencias y los peligros de este despliegue de publicaciones de sus vidas privadas, si hablamos por ejemplo, de redes sociales. 

La pertenencia y permanencia en las redes sociales no es algo elegido por la Generación Z, sino exigido, como parte del estilo de vida que les ha tocado vivir. Si hace unos años, era obligado el uso de libros para leer en los colegios, y de plumas para escribir, esta generación, simplemente, ha heredado lo digital como vehículo de comunicación y aprendizaje.

El problema comienza con la sobresaturación. Cada mensaje, está unido a un texto escrito, a una imagen, a un sonido, y en el caso de las redes sociales, a millones de opiniones de los demás. Si ponemos la atención en lo que sentimos tras haber estado hablando con un solo amigo, por ejemplo, veremos como después de ello, al quedarnos solos, nuestro “yo” comienza a recordar la conversación, pudiéndonos quedar satisfechos, en el caso de que haya fluido con opiniones positivas, e insatisfechos, en el caso que se hayan producido críticas y desencuentros.

Elevemos esto a la máxima potencia, e imaginemos a un “Z” recibiendo un bombardeo de opiniones sobre él. La capacidad de elaboración psicológica de este exceso de información es inabordable. Se convierten en un mero transmisor de estímulo y respuesta, pero la carga emocional se queda colapsada y sin resolver, almacenando en el inconsciente las emociones producidas reales, y en el consciente, las “disimuladas” o no reales.

Por mucho que intenten reflejar una vida con un enfoque 360º (momentos buenos y malos), la idea del perfeccionismo es una idea base en las redes sociales, así como la idea de la necesidad de ser aceptado. Estos pensamientos, se consideran ideas limitantes, irracionales que, llevadas al extremo, se llegan a convertir en paradigmas y estilos de pensamientos arraigados a la persona, sin ni tan siquiera, tener la consciencia de que cierran puertas.

La autoestima, y la imagen de uno mismo, depende de la cantidad de “likes” que reciben los “Z” en sus publicaciones. Las críticas destructivas, o la ausencia de un “me gusta” por parte de una persona que esperan lo haga, puede producir ansiedad ante la duda de qué respuesta se va a dar, alegría desmesurada ante una crítica positiva, o tristeza profunda ante una negativa.

Parecer ser que la obligatoriedad heredada por los “Z” de generaciones anteriores, acerca de que su autoestima dependa de las valoraciones externas, ya no lo aceptan y se han plantado buscando un nuevo estilo de vida.

Realmente, si no se controla puede llegar a convertirse en una adicción, teniendo mucho refuerzo positivo a corto plazo, y mucho castigo a largo plazo, ya que la dificultad para saber gestionarlo es infinita.

A mi juicio, esta Generación Z, caracterizada por la búsqueda del éxito personal unido a la tendencia a su propia independencia, es consciente de la ausencia de privacidad, y ya saben y son conocedores de los peligros e inconvenientes, simplemente, porque ya heredan las experiencias de las generaciones anteriores. Y son ellos ahora los que ponen soluciones o límites. Y la manera de ponerlos es mediante su malestar, “burnout o agotamiento digital”, como indicador de que algo no marcha bien.

La Generación Z es una nueva generación, reciclada, práctica e independiente. A mi juicio, el confinamiento más duro les ha ayudado a renovarse. Lo han vivido como una oportunidad para reflexionar y cuidarse. Al ser una generación autosuficiente, han desarrollado su autocuidado.  De ahí que afortunadamente, estén verbalizando que están agotados digitalmente. Detectan los quiebres, los identifican, los auto observan, y los auto gestionan.

Esta realidad, a mi parecer, les ha hecho adentrarse en otras nuevas realidades.

Hay diferentes soluciones, para cada tipología, según sus estilos de procesarlo:

• Aquellos que quieren salir de este “burnout” y tienen herramientas intrínsecas, e innatas para poder hacerlo: Estas herramientas, van en la línea de su férreo procesamiento de la información de esta Generación Z. Utilizan los problemas como oportunidades. No se quedan en el victimismo, sino que lo cambian desde el sentido de la responsabilidad. Interpretan los problemas o quiebres como retos a superar.

• Aquellos que quieren salir, y no tienen herramientas para hacerlo.: aquí juega un papel importante las herramientas que se aprenden en tratamientos de psicoterapia, donde se hace hincapié en la gestión de la dependencia, como la base fundamental del síndrome, por lo que el trabajo personal va en la línea de trabajar con la prevención una adicción mayor. Se trabajan también los síntomas de ansiedad y depresión que aparecen como consecuencia de la frustración por sentirse en ese estado.

• Aquellos que conociendo que padecen este síndrome, no tienen intención de cambio. Son las llamados personalidades resistentes impermeables.

• Aquellos que ni tan siquiera, son conocedores de este síndrome, por lo que tampoco conocen el concepto de cambio, son las llamadas personalidades negadoras.

Como soluciones a estos dos últimos perfiles, considero que donde la ayuda profesional resulta fundamental.

Socialmente, hacen falta muchos programas de prevención. El compromiso social con el “adelantarse” a los acontecimientos. Los programas de coaching para el crecimiento personal de esta generación, debiera de ser algo obligado dentro incluso de su plan de estudios.

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