La época de Navidad puede gustar o no gustar. Es un período del año muy diferente al resto, con connotaciones también muy distintas según para qué personas.

Dejando aparte a los niños, que afrontan la Navidad como un auténtico regalo, donde la ilusión de la magia en cada uno de los días va aumentando para llegar a la cabalgata de los Reyes Magos, pasar una noche de insomnio, zapatos al lado del árbol y agua para los camellos, la época navideña se ha convertido para algunos en una auténtica pesadilla, y más aún si cabe en este año, donde Papa Noel ha de llevar puesta su propia mascarilla.

¿QUÉ ES LA NAVIDAD?

La palabra navidad procede del latín Nativitas, que significa nacimiento. Este es su origen. Sin embargo, el desarrollo de la misma ha tomado caminos diferentes.

En nuestro país, cuando la niebla comienza a apoderarse de las calles, y huele a castañas asadas por las esquinas, hay reacciones humanas muy diferentes. Puede haber personas que se queden pegadas a los escaparates donde ya emergen estilismos de fiesta invernal con montones de luces que palpitan, o por el contrario, hay otros que desearían con todas sus fuerzas que ya apareciesen por todas las tiendas los letreros que dictasen “SALES”.

Ese año la Navidad viene acompañada de la palabra estrés y ansiedad más que nunca.

Estamos inmersos en una situación de pandemia mundial. Seguimos con confinamientos que cierran perimetralmente barrios, ciudades, comunidades y países, lo que conlleva un esfuerzo sobre humano de adaptabilidad de cada persona que formamos esta sociedad.

Esta Navidad 2020 puede convertirse como en los partidos de futbol, en un tiempo muerto donde nuestra mente se distraiga de la realidad que estamos viviendo, o por el contrario, se transforme en una presión inabordable para algunos.

¿POR QUÉ PUEDE PRODUCIRNOS ESTRÉS ESTA NAVIDAD?

1. Nuestro día a día ha cambiado. La alteración y modificaciones en los horarios, así como las normas y nuevas leyes no nos dejan tener unos hábitos consolidados como teníamos antes. Lo cotidiano, ya no existe. Esto ya en sí mismo es una fuente de estrés diaria.

Si a esto le sumamos unas nuevas conductas para afrontar lo que conlleva una Navidad, nos vemos sumergidos en una sobreestimulación, frente a la cual, necesitaremos herramientas.

Está comprobado que hemos comenzado una crisis económica y hemos tocado fondo la mayoría de la sociedad. El día a día de nuestros presupuestos también ha cambiado. La Navidad requiere consumo, regalos, y menús extremos en nuestras mesas. Esto puede ser inalcanzable para muchísimas personas y familias. La sensación de no poder llegar a lo que se nos exige nos lleva a la frustración y esto puede generar síntomas de ansiedad importantes. No podemos ni debemos aceptar tantísima exigencia.

¿Qué podemos hacer?

  • Hemos de trabajar las expectativas, y este año, más que nunca, tenemos que estar en un continuo contacto con la realidad; la idea es que seamos nosotros los que gestionemos la Navidad, y no que la Navidad nos gestiones a nosotros.
  • Hemos de saber decir “NO” a todo aquello que nos produzca presión. La Navidad no debe de tener tanto poder como para que nos haga salirnos de nuestras posibilidades reales que nos están exigiendo las medidas de salud. Este año no tenemos el poder de la elección, y eso ha de llevarnos a no tener ninguna duda sobre lo que es prioritario. Y lo prioritario tiene que ver con nuestras necesidades más básicas, y decidir no salirnos de ahí bajo ningún concepto.

2. Estamos condicionados a que este período de fiestas esté asociado a reuniones familiares, de amigos, generalmente numerosas. Viajar fuera de las ciudades donde se trabaja e ir a los lugares de origen, antes, era un hábito navideño. Obviamente, este año no lo podemos hacer, pero no es tan “obvia” la manera de aceptar esto. Hay una ansiedad anticipatoria que resuena ya estos días ante la pregunta de “qué vas a hacer por Navidad?”. Casi nadie tenemos una respuesta, lo que genera desasosiego, incertidumbre, y en muchísimos casos, nostalgia de épocas anteriores.

  • Para evitar el estrés y la ansiedad, tenemos que poner el foco en lo que “sí podemos hacer”, y no en lo que es imposible llevar a cabo. Hemos de poner nuestra energía en aceptar con quién y con cuantas personas podemos estar en las noches “especiales”, y trabajar ese pensamiento que nos acribilla cuando pensamos en las personas con las que no podemos estar.
  • Tenemos que trabajar la idea tan llena de exigencia de la “ilusión”, anticipándonos a ella e intentando no olvidar que toda nuestra energía debe de estar en cuidarnos, acatar todas las normas de protección que están establecidas, y no dudar bajo ningún concepto en la posibilidad de saltárnoslas. Las leyes no son optativas. Si las seguimos a rajatabla, evitamos las dudas. Y si evitamos dudar, evitamos el estrés.

3. La Navidad tiene una especie de exigencia subliminal de a no solo ser felices, sino también a “parecerlo”. Está demostrado que en una noche de Fin de Año, se da el mayor número de denuncias policiales por desencuentros familiares que en el resto de los meses. El exceso de alcohol, la presión por tener que reunirse por obligación con personas con las que no tenemos una buena relación durante el año, desembocan en conflictos difíciles de manejar. Este año todo se puede ver incrementado por el estado de ánimo sub depresivo que sufre la sociedad en estos momentos. Por supuesto que el estrés navideño ha existido antes de la pandemia; estudios demuestran que ya lo padecían 6 de cada 10 personas, con síntomas visibles de nerviosismo, dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad…e incluso tristeza. Psicológicamente, este año, esta tristeza puede llegar a duplicarse; la suma de la tristeza que acarreamos por el Covid, más la de que lleva intrínseca la época del mazapán. Para hacer frente a esto:

  • Reestructuremos la idea de “disfrutar”: el disfrute no es sinónimo solo de “alegría”, sino que consiste en una aceptación total de todas aquellas emociones que sentimos, que van desde la felicidad, pasando por la rabia, la pena, la frustración y la nostalgia y tristeza. Este año debemos de anticiparnos a saber que todas estas emociones van a estar dentro del saco de los regalos de Santa Claus.
  • Gestionar el estrés navideño este año, va en la línea entonces de afrontar estos días con la expectativa realista de que vamos a tener que hacer un gran esfuerzo para sostenernos a nosotros mismos, que las emociones no son buenas ni malas, y que se puede estar triste en Navidad. El verdadero drama está en no saber aceptarnos y en juzgar la emoción de tristeza como algo negativo. Si nos permitimos estar frustrados, seguramente entonces, puede que empecemos a estarlo menos.

4. La Navidad requiere esfuerzo social, habilidades sociales y ganas de estar con los demás, aparte de atender a un exceso de comunicación. Las relaciones sociales se elevan a la enésima potencia. Se multiplican por mil el número de mensajes de teléfono, de WhatsApp, de correos electrónicos y de intercambio de videos, fotos y enlaces, lo que lleva consigo otro sobre esfuerzo más de todos los sobre esfuerzos que llevamos acarreando desde este pasado mes de marzo con el estado de alarma. Otros años, la sociedad se ha estado preparando para esta fiesta extrema. Este año, toda nuestra energía se ha visto destinada a adaptarnos a esta situación extraordinaria de lidiar con este virus. Recibir la Navidad ahora es un verdadero ejercicio de enfrentamiento y no solo de afrontamiento: una verdadera gymkana.

  • Por ello, y para gestionar la ansiedad que nos puede producir este sobre esfuerzo, pongamos toda nuestra atención en lo que necesitamos cada uno de nosotros. Si necesitamos tranquilidad, intentemos mantener la rutina habitual durante todo el período navideño, y seamos nosotros mismos nuestros propios invitados a los que cuidemos.
  • La primera idea que tenemos que modificar es la de que la Navidad venga a nosotros como una experiencia impuesta. Cada uno de nosotros contamos con unos recursos, y tenemos que mantener nuestros límites, y en ningún caso, salirnos de ellos.
  • Para esto, hemos de conocer nuestros verdaderas necesidades, nuestros deseos, y hacer un análisis de nuestras expectativas para que en ningún caso dejen de ser realistas. Si mantenemos esto a rajatabla, será mucho más fácil que sepamos gestionar todas aquellas situaciones que nos superen, y encontraremos que nuestros pensamientos, emociones y conductas estén alineados y que no se descompensen.

Este año tenemos la obligación de priorizar nuestra salud mental, emocional y física, antes que cantar villancicos. La Navidad este año viene con un “plan B” por parte de los Reyes Magos. El regalo de la responsabilidad de cada ser humano. De esta manera aseguraremos seguir celebrando estas fiestas. Aunque no debemos de olvidar que todos los días es Navidad.

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