Una cabaña, a nivel general, es un concepto/símbolo, que puede representar nuestra casa. Tras este confinamiento, la cabaña, ha dejado de ser una casa, y se ha convertido en un hogar.

Hasta este momento, antes de este fenómeno de confinamiento, nuestra casa formaba parte de nuestros hábitos, pero jamás con el nivel de conciencia con el que la hemos experimentado con el encierro, ni con el nivel tan profundo de relación con ella.

Ante la noticia del confinamiento, entramos en una situación de shock que, de manera automatizada, hizo que no tuviéramos tiempo de procesar lo que estaba sucediendo.

Los primeros días, la actuación se dio de manera automatizada, incluso con sobreactuación, y hasta sentido del humor; cientos de actividades online, decenas de videollamadas, publicaciones compartidas, videos de whatsapp, conexión con personas con las que no teníamos contacto desde hacía meses e incluso años.

Hasta ese momento, podríamos llamarle síndrome de “pre-cabaña” ya que era el único sitio donde nos habían dicho que estaríamos seguros. Conforme pasaban los días, nuestra casa pasó de ser una “cárcel” a ser un “refugio”.

Angustia, ansiedad, cansancio, agotamiento, desórdenes alimenticios, desórdenes de sueño, hábitos alterados, convivencias extremas, dificultad en la gestión del tiempo, sedentarismo, son algunos de los muchísimos síntomas que presentamos en esta situación.

La cantidad de energía que gastamos para adaptarnos a esta situación extraordinaria, fue indescriptible.

Todo nuestro foco estuvo en la supervivencia, en el “sostenernos” en nuestro equilibrio, que ayude a no descompensarnos. Para que lo entendamos pensemos en un ejemplo práctico, como en el buceo. Aun con un ataque de pánico bajo el agua, resistimos con aplomo, para no subir de repente al exterior, e ir haciendo la descompresión de a poco. Esto requiere muchísimas funciones ejecutivas del cerebro.

Una vez pasado el tiempo, a la par de las medidas de reapertura, y de fases ascendentes, es cuando se produce el llamado síndrome de la cabaña.

Tras haber creado una zona de confort, tenemos que volver a hacer otra deshabituación, otro ejercicio de readaptación, y esto requiere un tiempo para saber ejecutarlo.

El síndrome de la cabaña es, por tanto, un conjunto síntomas como temor a salir a la calle, volver a ver a personas, retomar el lugar de trabajo presencial… 

Sí, en las consultas de psicología, hemos experimentado un aumento de pacientes aquejados con este síndrome. Sobre todo, por la ansiedad de no reconocerlo, ya que es un síndrome no muy habitual en estas dimensiones tan extraordinarias. Los clínicos, tenemos que hacer y estamos haciendo una intervención psicosocial, más que meramente psicológica.

PERFIL DE PERSONAS MÁS PREDISPUESTAS A EXPERIMENTAR ESTA SITUACIÓN

En realidad, es un síndrome que se ha dado de una manera generalizada. Es un conjunto de emociones, sentimientos, pensamientos y conductas observadas en casi la totalidad de la población, en personas que sí se han confinado.

No se da, por ejemplo, en aquella parte de la población que ha seguido con su vida normalizada porque han permanecido trabajando al mismo ritmo que antes del estado de alarma.

Ahora bien, dentro de este síndrome, hay personas con mayor vulnerabilidad, ya que anteriormente pudiesen contar con rasgos de personalidad en los que ya incluían síntomas como, por ejemplo:

  • Trastornos por hipocondríasis y psicosomatización: en estas personas, la vulnerabilidad ante el temor al contagio es mayor, por lo que van a dar más respuestas de evitación al salir a la calle, por ejemplo.
  • Personas con fobias en relación con los espacios: personas que previamente padecían claustrofobia, agorafobia…, 

Van a resistirse a normalizarse, ya que su conducta previa antes del confinamiento, ya estaba aquejada.

  • Personas con síntomas de fobia social, o conductas asociales: de igual manera, este perfil, va a tener incrementada su dificultad a normalizarse.
  • Personas con edad avanzada: han estado sin sus hábitos de ejercicio, andar, pasear…que ya les producía esfuerzo. Ahora, se han deshabituado, y volver a retomar el ritmo, para ellos está siendo complicado.

SITUACIONES EN LAS QUE SE DA EL SÍNDROME DE LA CABAÑA

En todas aquellas situaciones que requieran de una adaptación o sobre adaptación. Se habla mucho del síndrome post vacacional, síndrome de post parto, síndrome post navidades…

Ciertamente, tras una operación, por ejemplo, y tras un tiempo prolongado en un hospital, la persona ha tenido que poner en marcha muchísimos mecanismos defensivos para seguir equilibrado.

La tendencia es dar respuestas que se adentran dentro de los síntomas depresivos, ansiosos…pero insisto en la gran capacidad de autocuidado del ser humano, y de adaptarse para evitar enfermarse psicológicamente.

Todo tiene un sentido: el esfuerzo en esta adaptación es muy intenso, para poder darse la habituación. Entramos en situación de confort y área de confianza. Además, cambiar de contexto requiere cambiar de registro y cambiar de registro requiere habilidades de afrontamiento y éstas requieren tiempo y nuevos aprendizajes.

DIFERENCIA ENTRE EL SÍNDROME DE LA CABAÑA Y LA AGORAFOBIA

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que se suele dar ante espacios abiertos, (a veces cerrados también), que dificulten al afectado, poder escapar, o ser asistido ante el síntoma extremo de un ataque de pánico o miedo a quedarse sin respiración por hiperventilación.

Los espacios con multitudes, por ejemplo, intensifican la ansiedad, por el miedo a tener dificultad en escapar. En general, los espacios abiertos, alertan al afectado, por la sensación de angustia ante verse desprotegidos.

El síndrome de la cabaña, podría considerarse un síndrome por acostumbramiento a espacios cerrados y/o reducidos, y no está considerado como un trastorno de ansiedad, aunque los síntomas puedan llegar a confundirse.

Aun así, el síndrome de la cabaña puede cronificarse en un trastorno por agorafobia.

Una de las diferencias más importantes, a mi juicio, es el origen.

Mientras que, en la agorafobia, el origen es desconocido por el paciente, y requiere mucho tiempo de trabajo psicoterapéutico para asociar la causa, el síndrome de la cabaña, se da de manera reactiva ante una situación conocida por la persona; ingresos prolongados en hospitales, ingresos en cárceles, secuestros, y en el caso que nos ocupa, tras un confinamiento de estas características.

PAUTAS PARA APRENDER A GESTIONAR LA SENSACIÓN DE VULNERABILIDAD COMO CONSECUENCIA DE LA PANDEMIA

Ante todo, darnos tiempo para poder gestionar toda esta situación.

Vivir el día a día, el momento. Esto evita tener crisis anticipatoria sobre un futuro que no ha llegado aún.

Por supuesto, trabajar otras áreas que compensen el sobre pensamiento y el estrés, por ejemplo, la meditación es una disciplina que trabaja la gestión del pensamiento.

Elegir situaciones y personas que aporten tranquilidad en nuestro día. Evitar situaciones conflictivas.

Autocuidarnos, recordando que hemos necesitado muy poco estos meses. Revisar nuestras necesidades.

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