Si Sigmund Freud levantase la cabeza, se llevaría las manos a la misma. Nos regaló el Ego para que todos supiésemos que tenemos conciencia como individuos, y a partir de ahí pudiéramos percibir la vida. Lo que Freud no sabía, era que pasado el tiempo desde que inventó este concepto, iba a haber tantos personajes diferentes en un mismo escenario llamado realidad.

El Ego, es una de las tres personitas que viven en nuestra psiquis, junto con el Ello y el Superyo.

Fue bautizado en latín y le pusieron este nombre, Ego, de manera temporal. Realmente, si le nombrásemos de manera más coloquial, casi todos le reconoceríamos como nuestro “Yo”.

Es el hermano mediano de la familia, el de la “racionalidad”, el que nos equilibra y media entre nuestro hermano mayor Superyo que nos adiestra con sus valores morales, y nuestro hermano más pequeño llamado Ello, el que por su edad, está lleno de impulsividad por querer alcanzar de manera rápida, todos sus deseos. Juntos, los tres, forman nuestra personalidad.

Egos diferentes, personalidades distintas que transitan de diferentes maneras por este nuestro mundo real.

A veces nos encontramos con la expresión de “tiene un ego muy subidito”, para definir a personas arrogantes, primas hermanas del personaje mítico Narciso, rompedor de sus propios espejos por el excesivo amor que se profesaba a sí mismo.

Pero no todos los Egos son así. Afortunadamente, no todos necesitamos mostrar nuestro amor maravilloso en las redes sociales para que nuestro Ego sea engordado proporcionalmente a los “Likes” alcanzados. Hay egos con cordura, equilibrados, realistas, en definitiva, con la serenidad suficiente como para vivir la vida en paz. Pero para esto, tenemos que poner a dieta estricta a nuestro falso yo.

Los egos exageradamente narcisistas, defienden la teoría del yo-yo, que no es otra que la del “mí, me y conmigo”. Hay algunos que no pasan desapercibidos:

1. Ego Ecpático.- Son individuos sin empatía. Este tipo de ego no les deja ni permite ponerse en el lugar de otras personas. Las emociones, lo que sienten los otros humanos les suelen “resbalar” bastante. Les importa nada que tú tengas sentimientos, que necesites de su apoyo. A veces, puedes incluso creer, bajo tu ingenuidad, que tienen una coraza frente al mundo, y “pobrecitos de ellos, no saben mucho de emociones”. No es así. Su Ego, no quiere bailar contigo la danza del mundo de los afectos. Empatizan, si es que lo hacen, con ellos mismos. No tienen tiempo entonces, para empatizar con el otro.

2. Ego Máscara.- Estos egos son los protagonistas del Carnaval de Venecia. Suelen recibir los primeros premios. Este tipo de ego, caracteriza a personajes poco transparentes en su manera de actuar. Sus sentimientos dejan mucho que desear, por lo que usar una máscara para demostrar que son el poli bueno, les viene de fábula para ocultar su verdadero yo.

3. Ego Vampiro.-  Un poco Drácula, se apropian de las personalidades de los demás para su propio beneficio y montarse su propia identidad personal. Observa lo que otros hacen o dicen, con el fin de estructurar así su estilo o forma de ser. Como buen copión, no le suelen pillar en los exámenes, pero al final, toda la clase sabe que sus “notazas” son resultado de utilizar muy bien el rabillo del ojo, llegando casi a tenerlos casi tan rasgados como los de los chinos.

4. Ego Parásito.- En su manera de relacionarse, estos egos se alimentan de personas con mucha energía. Su verdadero Yo, es pelín oscuro, por lo que necesitan a seres de luz para poder sobrevivir. Suelen ser personas envidiosas, con dificultad para celebrar los éxitos de los demás. Puede que incluso, te degrade un poco si llega a creer que puedes ser mejor que él.

5. Ego Calculador.- Este señor Ego, es el último modelo de IPhone. El que más aplicaciones puede almacenar. Absolutamente todo lo que hace es por interés. Acción, reacción. Si general y afortunadamente, las personas nos movemos por sentimientos, este tipo de egos, no conocen el sentir de verdad. Se mueven en un mundo de subasta. Tanto vales cuanto más cara es la puja.

6. Ego Aventurero y Navegante.- Este Ego se lo apropian las personas que se aburren de los demás. La adrenalina de pasar una tarde de domingo viendo películas, les parece el anti plan. Las pequeñas cosas no les son suficientes, y se embarcan en aventuras extraordinarias para dar un poco de sentido a sus vidas que poco sentido tienen. Son egos que viven de cara a la galería. Que a través de sus viajes extraordinarios quieren dar una imagen de ser muy interesantes para los demás. Pero detrás de cruzar el Atlántico en velero, están las pequeñas cosas como el cuidado al otro, por ejemplo, cosa “tan insignificante” que por supuesto se les pasa por alto.

7. Ego Reciclaje- Son egos que hacen hincapié en el anuncio famoso de “si encuentra algo mejor, cómprelo”. El juego ha terminado. Pertenecen a un Yo con dificultad para instaurar relaciones de compromiso, por una estructura de personalidad incoherente. Aburridos de jugar a las películas de amor, suelen meter a otra princesa enseguida, por lo que el descarte lo tienes asegurado. Da gracias a que al reciclarte, al menos, sepan distinguir entre vidrios y plásticos en general, y envases en particular.

8. Y por último, el rey de todos los egos, el Ego Manipulador.- Inteligentemente astuto, consigue todo, (algunas cosas no), haciendo tergiversaciones con la sutileza de la seda. Maestros de la escritura, bajo sus poemas interminables, engañan, justifican y acomodan a su antojo y gusto, para conseguir y lograr todo a la horma de su zapato, que además, y a nuestro pesar se alejan mucho de ser un Chuch’s Icons.

Estos Egos forman parte de la personalidad múltiple de nuestro tan nombrado Narciso, santo griego de todos los Narcisistas.

Con la apariencia hermosa y bella, rechazaba vehementemente a todas sus enamoradas.

Pero hubo una ninfa, llamada Eco, que desolada por el rechazo de Narciso, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que solo le quedó su voz.

La Ninfa, sigue escuchando su voz cuando canta. Esa voz se llama Eco, como ella. Sonido que persiste entre los bosques.

Moraleja.- Cuida tu Ego. No sea que te pase como a Narciso. Que de tanto gustarse reflejado en las aguas de la fuente donde habitaba, terminó ahogado entre ellas.

Y no fue porque estuviesen turbulentas. Aconteció así de tanto mirarse.

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